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sábado, 10 de abril de 2010
miércoles, 4 de febrero de 2009
Vida de fray Luis Amigó Ferrer
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Fray Luis AmigóLuis Amigó y Ferrer (Masamagrell) (Valencia) el 17 de octubre de 1854-Godella (Valencia)1 de octubre de 1934) religioso de la orden de los capuchinos, obispo de Administrador de la Diócesis de Solsona y Obispo de Segorbe.
El religioso capuchino Luis Amigó y Ferrer nació en Masamagrell el 17 de octubre de 1854. En 1874 ingresó en el convento que los Hermanos Menores Capuchinos regentaban en las afueras de Bayona (Francia).
De regreso a España, en 1879, Luis Amigó fue ordenado sacerdote el 29 de marzo, después de reabrir el antiguo convento capuchino en Montehano, "siendo sus grandes preocupaciones el cuidado de los encarcelados y la educación cristiana de la juventud" , según fuentes de la congregación en Valencia.
Luis Amigó fundó el 11 de mayo de 1885 la congregación de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia en el Santuario de Nuestra Señora de Montiel, en la localidad valenciana de Benaguacil. De igual forma, cuatro años más tarde, el 12 de abril de 1889, fundó la congregación de los religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, también llamados "Amigonianos"
El 9 de junio de 1907, Luis Amigó recibió la consagración episcopal, ejerciendo como obispo en la diócesis de Solsona, hasta 1913, año en que fue designado titular de la de Segorbe, donde permaneció hasta 1934. Finalente falleció este mismo año en Godella (Valencia)
Se ha iniciado su proceso de beatificación.
En la actualidad, la congregación de las religiosas terciarias capuchinas integra en la Comunidad Valenciana a un centenar de religiosas en un total de 23 casas, de las que una decena se ubican en la diócesis de Valencia. En España, también dispone de comunidades en Madrid, Teruel, Sevilla, Cádiz, Pamplona, Canarias y, en todo el mundo la congregación cuenta con más de 1.300 religiosas y religiosos. También es el patrón de muchos colegios que lo toman como un ejemplo de constancia y fe.
Pedro Gil Lerín y su vinculación con la vecina localidad de Tobarra



Pedro Gil Lerín (Mallén, 1903 - Tobarra, 1991) fue un músico español, director de varias bandas de música y compositor de una gran cantidad de obras musicales.
Biografía
D. PEDRO GIL LERÍN.(1903-1991) HIJO ADOPTIVO DE TOBARRA
Pedro Gil Lerín nace en Mallén (Zaragoza) a las 2 de la tarde del día 9 de septiembre de 1.903 en la calle de la Yedra número 13, hijo de Fermín Gil Cerdán y de Vicenta Lerín Segura. Según obra en la certificación literal de su nacimiento era el tercero de los hijos de este matrimonio, del que nacería después otro más. Eran, pues, cuatro hijos: Lorenzo (agricultor, que falleció hace cuatro o cinco años), Joaquina (que contrajo matrimonio y se marchó a Argentina; donde falleció); Pedro el biografiado y Orencio (que vive en Mallén, ya jubilado de su anterior profesión de almacenista de bebidas). Nace Pedro en el seno de una modesta familia de agricultores. Su padre carece de instrucción. En el acta de su nacimiento consta literalmente "firmaron...(el acta), el Sr. Juez y los testigos que lo hacen por sí y a ruego del declarante (su padre) que dijo no saber hacerlo".
Realiza Pedro estudios primarios y se dedica a la agricultura, la profesión familiar, falleciendo su padre a los ocho años de nacer él y su madre a los veinte. Su afición por la música le viene desde muy temprano. Ya en la banda de Mallén tocaba el requinto y cuando iba a la huerta con la azada, clavaba el astil en el suelo y utilizaba la hoja de la misma como atril donde ponía la partitura y marcaba el compás de las notas musicales. Esa era la premonición que indicaba que Pedro había sido escogido por el destino para otras muy distintas tareas.
A los veintiún años, es movilizado para cumplir el servicio militar obligatorio y es destinado a Zaragoza y al Regimiento Aragón 21 en el Cuerpo de la Banda de Música, estudiando saxofón, ascendiendo a cabo músico a los tres meses. Al terminar el servicio militar es contratado como Sargento en la Banda de la Academia de Artillería de Segovia. Esta banda tocaba en los jardines de La Granja en Segovia en verano mientras cenaba la reina Victoria.
En el año 1.929 aprueba la oposición como Director de la Banda de Música, obteniendo el numero uno en Valladolid, siendo destinado en tal calidad a la Banda de Música de Nava del Rey (Valladolid). De esta localidad tiene buenos recuerdos afirmando que es uno de los sitios donde mejor trato le han dado, progresando rápidamente la banda de música y recibiendo por ello un voto de confianza. Continúa estudiando armonía, instrumentación, dirección, contrapunto y fuga en el Conservatorio de Madrid con el capitán Directorde labandade la Academia de Artillería D. Miguel Santonja y con el comandante director Militar D. Ricardo Dorado, autor famoso de marchas militares. Dorado dice de el "tiene usted dotes de composición grandísimas". Asimismo estudia composición por correspondencia.
De Nava del Rey pasa a Lopera (Jaén) donde obtiene plaza de Director de la banda de música por concurso de méritos. Allí, en el año 1.936 publica ya sus composiciones en un boletín llamado "Ediciones GILERIN" (palabra esta, formada por sus dos apellidos) y con letra de Antonio Ruiz publica "iOlé Belmonte!", un pasodoble; la obra "Martín Fierro" con letra de Ruiaura. También publica el tango "Quisiera olvidarte" con letra de Antonio Ruiz.
Contrae matrimonio en Madrid en el año 1.943 con Martina Fernández Ossorio, natural de Algrejo (Valladolid) siendo solicitado nuevamente por el Ayuntamiento de Nava del Rey para volver a esa localidad y de ahí pasa a Tobarra en el año 1.944 con ocasión de un concurso de méritos, haciéndose cargo de la banda de música de esta localidad. En Tobarra fallece su esposa el día 23 de Noviembre de 1.948 sin que de este matrimonio quede descendencia, contrayendo nuevo matrimonio en Albacete con la tobarreña Francisca Martínez Ramón el día 8 de Noviembre de 1.951, fijando su residencia definitiva en Tobarra en la calle Ramón y Cajal numero 22, en el barrio de San Antón, que continúa siendo su domicilio. Fruto de este matrimonio nace en Tobarra el día 16 de Marzo de 1.953 su único hijo Pedro Jesús Orencio Gil Martínez.("Pedroje").
De Tobarra pasa a Cieza (Murcia) en el año 1.953 volviendo nuevamente a Tobarra en el año 1.955 y de aquí marcha a Cehegín (Murcia) en el año 1 .962, siempre a cargo de la banda de música de las localidades referidas y finalmente a Telde (Gran Canaria) en 1.972 donde se jubila al siguiente año al cumplir los setenta de edad, regresando nuevamente a Tobarra
SU OBRA
Es muy extensa, tanto por los géneros que ha abordado como por su número. Se calcula un mínimo de trescientas cincuenta las obras compuestas por el profesor Gil Lerín, aunque el inventario de las mismas es poco menos que imposible, habiendo desaparecido algunas de ellas. Ha Tenido siempre el detalle de dejarlas sembradas por los lugares que ha pasado en su largo caminar, dedicándolas muchas veces a las poblaciones a las que ha servido, habiendo asimismo contribuido a su conocimiento general y también al reconocimiento de los pueblos a que ha dedicado alguna obra, amén de haberlas publicado en diversas ediciones como la nombrada "GILERIN" o en "Ediciones Lillo", donde publica el chotis "siempre Madrid", perteneciendo a la sociedad general de autores de España.
A la hora de hacer una clasificación de éstas, podría hacerse por temas y por lugares. Si hablamos de sus obras por lugares, podemos citar en primer lugar a su tierra natal Mallén y a su obra "Mallén en Fiestas". a Cehegín "Himno a Cehegín", a Almansa "Himno a Almansa", a Hellín "Himno a Hellín", a Tobarra "Himno a Tobarra" a Albacete, diversos pasodobles de temas taurinos para banda, entre ellos "Monterito", "Pedrés el Grande", "Cabañero", "Club taurino de Albacete", "Chicuelo de Albacete", "Por la feria de Albacete", a Hellín, componiendo para Antonio Martínez.Torrecillas "Radiante", un pasodoble "Antonio Torrecillas" y también el titulado "Viva Hellín taurino" dedicó a la afición local hellinera. De estas obras se hace eco Antonio Moreno García, Cronista Oficial de esta Ciudad y Secretario General del Instituto de Estudios Albacetenses, uno de los fundadores de la Revista "Albasit" en su obra "Hellín en Toros", dedicándole uno de los ejemplares con la siguiente frase "A D. Pedro Gil Lerín, a quien gustosamente desearía conocer, con mi agradecimiento por todas sus dedicaciones hacia el pueblo de Hellín, afectuosamente". Fechado en Albacete el día 21 de Junio de 1.985. A Valencia, con su obra "En las Fallas de Valencia".
Si la obra la clasificamos por temas, como he dicho, son todos los géneros objeto de su atención, especialmente el pasodoble para bandas de música y entre los mentados anteriormente, además "un paso de Villalta", "Morenito de Talavera", "Madrid Taurino", "Gallito de Dos Hermanas", "A los Toreros", "Vuelta al ruedo". El Tango, con la obra antes mencionada "Quisiera olvidarte", la polca de concierto "Nuevos recuerdos" y sobre todo también los himnos a las distintas localidades y obras festivas dedicadas a las ferias y fiestas de localidades, así como temas religiosos.
HOMENAJE DE PEDRO GIL LERIN A TOBARRA.
Las obras que escribe en y para Tobarra son muchas: "Cristo de la Antigua", "Virgen de la Encarnación", "San Roque", "Semana Santa en Tobarra", "El Prendimiento", "Viernes Santo en Tobarra"(a la memoria de Francisco Martínez Navarro), "Himno a Tobarra", "Buena Fiesta", "Unión Musical Tobarreña", etc.
De entre sus obras destaco el "Himno de San Antonio Abad", con Letra de Alejandro Martínez Ramón. Esta obra desde su creación, ha venido interpretándose ininterrumpidamente a lo largo de los años hasta el día de hoy en las novenas en honor de San Antonio Abad, contada por la magnifica voz de Encarnación Ruiz Parras. Mis recuerdos como tobarreño y sanantonero, barrio en el que nací y crecí, van unidos estrechamente a este himno mágico y sublime que todos conocen. También una obra muy importante del profesor Gil Lerín es el "Himno a Tobarra" que fue rescatada del olvido en el año 1984, al ser adaptada por el autor para coral e interpretada por el Orfeón de la Mancha bajo la dirección de Don Julio Sorribes en el pregón de Semana Santa de 1.984 en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Era este el primer año que el pregón se hacía en este lugar a iniciativa del presidente de la Asociación de cofradías de aquel año Don Jesús Ruiz Moreno, quien tuvo una decisiva intervención para que el Orfeón Manchego interpretara esta obra, gracias también a la participación del tobarreño y miembro del orfeón Don Francisco García Ruiz. Estuvo presente el autor el día de la interpretación. Fueron unos minutos inolvidables, vibrando los presentes -que llenaban la parroquia- de una intensa emoción. Puestos en pie, con el mayor respeto, en el mayor silencio se escuchaban los acordes del Himno a Tobarra entonados por el magistral Orfeón de la Mancha. Aquella noche, los tobarreños nos sentimos orgullosos de serlo y agradecimos con nuestros interminables aplausos al autor de la obra, por habernos ofrecido una bandera, un símbolo que nos distingue entre todos los pueblos. Desde ese momento, en los siguientes pregones de Semana Santa, y en los demás actos culturales (juegos florales de las fiestas de San Roque) se escucha como broche de oro y como afirmación de nuestra condición de hijos de esta tierra. Así pues, la letra, que es del también paisano Don Ginés ladrón de Guevara y Rodríguez de Vera, publicada en varias ocasiones y también en la revista de Semana Santa, es ya conocida por la mayoría de los tobarreños y se canta para resaltar el orgullo que tenemos de serio. Otra de sus obras "Unión Musical Tobarreña" que dedicó a la Banda de Música de Tobarra -su banda-, fue estrenada en el homenaje que la misma le hizo y del que después hablaré.
En los años cincuenta, su nombre se liga al esplendor del Teatro Viejo ("Gran Teatro") y a la cultura tobarreña. Son los años en que una compañía de aficionados a la música lírica pone en escena las más conocidas obras de zarzuela: "Katiusca", "la del manojo de rosas", "la rosa del azafrán", y otras muchas. El maestro dirige a la banda de música de Tobarra en las representaciones líricas y adapta estas obras para la misma, junto con Isabelita Arteaga Planes, que dirige a los interpretes. El éxito fue apoteósico. Gracias a estas representaciones, conocieron los tobarreños de aquella época nuestro género lírico y son recordados con nostalgia esos tiempos por quienes los vivieron.
HOMENAJES A SU OBRA
En Mallén, su tierra natal, se le ofrece un importante homenaje. Del mismo da cuenta la revista informativa "Mallén" en su número Tres del mes de Octubre de 1 .986, en la página diez, en la que se lee literalmente:"Homenaje a Pedro Gil lerín" y continua " Hace unos años, en 1.984, Mallén homenajeó a Pedro Gil lerín, músico natural de esta villa, de laque se fue tempranamente. Gil lerín estrenó entonces con la Banda de la Diputación de Zaragoza su obra "Mallén en Fiestas", recibiendo el aplauso y la admiración de todos los vecinos. El mes de agosto de 1989 el Ayuntamiento acordó en Pleno dedicar al músico una calle de nuestra localidad". Esta es la respuesta de Gil lerín tras conocer la noticia:"Muy señor mío: le dirijo la presente al haber recibido su carta de fecha 13 de los corrientes comunicándome el acuerdo por el que me dedicaban una calle de esa localidad, para darles las gracias más sinceras por el honor que me han concedido del que me siento muy orgulloso y más por venir de esa localidad donde yo nací y aunque llevo muchos años fuera me siento muy ligado a ella". Pedro Gil Lerín. En el número dos de la misma revista, de Junio de 1.986, en la página dos aparecen los nuevos nombres de calles de Mallén y la que antes era calle Matadero, ahora lo es "Calle Músico Pedro Gil Lerín".
Almansa también homenajea a Pedro Gil Lerín en el Teatro Principal en agradecimiento a la obra que el músico dedicó a esa localidad, no pudiendo asistir el autor por encontrarse mal de salud.
EL HOMENAJE DE TOBARRA A PEDRO GIL LERIN.
Tobarra no podía permanecer muda ante estos acontecimientos por muchas razones: porque la banda de música bajo cuya batuta obtuvo el segundo premio en el Certamen Provincial de Bandas de Música de Albacete en 1.947 y el tercer premio en el Certamen Interprovincial de Bandas de Música de Albacete con la composición del maestro "Alarde Musical", se había hecho acreedora de agradecimiento hacia su director que la colocó entre las mejores bajo su dirección. Por que Pedro Gil Lerín había echado raíces en Tobarra, al contraer matrimonio con una tobarreña. Porque a sus fiestas de San Roque, a su Semana Santa y a sus gentes, dedicó buena parte de su inspiración. Y porque le compuso su famoso himno para gloria de presentes y futuras generaciones.
Así pues, la primera obligada, su querida banda de música tobarreña, le dedica un importante homenaje en el Cine Avenida el día 3 de Agosto de 1.985 a las 9 de la tarde, organizado por la Sociedad Unión Musical Santa Cecilia, bajo la presidencia de Don Francisco Clemente Lorente. Encontrándose presente el alcalde del Ayuntamiento de Tobarra Don Miguel Guerrero Perona, que le hizo entrega de una placa conmemorativa. Al hacer uso de la palabra Don Francisco Clemente hizo una comparación de la música del maestro con el vino de Tobarra en los siguientes términos:"¿Qué es el vino de Tobarra?: Es un vino de "muchos grados, suave y oloroso y de buen paladar. ¿Y cómo es su música? Su música es de muchísimos grados, de mejor paladar y que al igual que el vino, unas veces nos hace reír y otras nos hace llorar". De lo ocurrido aquél día da cumplida noticia el Cronista Oficial de la Villa de Tobarra Don Guillermo A. Paterna Alfaro, publicando en el periódico "La Verdad" de Albacete el día 9 de agosto un extenso artículo titulado:"Homenaje en Tobarra al profesor Gil Lerín. Nacido para la música". El autor da fe con su testimonio de los pormenores del acto, en el que Pedro Gil Lerín estrena su obra "Unión Musical Tobarreña", dirigiendo el mismo a la banda que interpretó otras obras de su largo repertorio. En el acto intervino el poeta Don José Jorquera Manzanares y así mismo Don José García González. Este último en el periódico "La Tribuna" publica un articulo titulado "El maestro Gil Lerín estrenó dos marchas para Hellín" y escribe "a sus ochenta y dos años, este maño-tobarreño nacido en Mallén, provincia de Zaragoza, acaba de componer dos marchas, para la Banda de Música de Hellín "Nuestra Señora del Dolor" y "Semana Santa en Hellín" aplaudidas durante los desfiles procesionales de este año en la vecina localidad y también añade "llegó a Tobarra por casualidad y, aunque ha sido olvidado por muchos, aquí sigue en lo suyo, componiendo como un tobarreño más. Superando los' difíciles momentos en silencio. Paradójicamente silencioso este prestidigitador de ruido y cadencias de quien alguien dijo un día: ""Parece un solitario, pero quien es capaz de componer como Pedro Gil Lerín, nunca puede estar solo, por fuerza ha de estar acompañado por el genio creador de los grandes hombres." La banda de música tobarreña estaba dirigida aquel día por Don Alfonso Clemente (Colica).
A esta primera iniciativa surge otra. En esta ocasión es D. Juan Coy García quien, como presidente de la Hermandad de S. Antonio Abad, dirige al Sr. alcalde del Ayuntamiento de Tobarra la siguiente comunicación:
"Solicito del Pleno de ese Ayuntamiento, tenga a bien tomar en consideración, la propuesta de nombrar Hijo Adoptivo al Ilustre Profesor, compositor ""sanantonero"" D. Pedro Gil Lerín; así como la de poner a su nombre una calle del barrio de S. Antón. Propuestas ambas aprobadas por mayoría en la última reunión de la Junta Directiva de esta hermandad, por considerar que D. Pedro: merece todo tipo de homenajes en base a su trayectoria profesional y humana. Tobarra a 10 de Diciembre de 1.986". No podía ser menos que la iniciativa partiera precisamente del barrio de S. Antón, su barrio, tan acreedor de su himno a S. Antonio Abad. El Ayuntamiento, en sesión plenaria de fecha 18 de Diciembre de 1.986 acuerda entre otras cuestiones las siguientes "Se presenta escrito de Hermandad de S. Antón, en el que se solicita sea nombrado Hijo Adoptivo de la Villa de Tobarra a D. Pedro Gil Lerín. Los reunidos acuerdan iniciar los tramites al respecto."
En el Boletín Oficial de la Provincia de Albacete número 6 de fecha 14 de Enero de 1.987 se da publicidad en la página 9 a este hecho para que puedan formular alegaciones las personas o entidades que lo estimen conveniente,' aportando documentación o haciendo sugerencias relativas al fondo del expediente. Por fin el 22 de Marzo de 1 .988 se acuerda por la Corporación municipal el "Nombramiento de Hijo Adoptivo en favor del Ilustre Profesor, Compositor, y ya desde hace muchos años querido y considerado por todos nosotros.
Queda pendiente la otra petición hecha por la Hermandad de que se le ponga el nombre a una calle de S. Antón o de Tobarra.
FUENTES:
Texto:
"PEDRO GIL LERÍN HIJO ADOPTIVO DE TOBARRA". Martinez González, D. Revista de Semana Santa de Tobarra. Año 1990. Asociación de Cofradías de Semana Santa de Tobarra.
Fotografías:
Revista Asociación de Cofradías de Semana Santa de Tobarra (Albacete). Año 1990.
Asociación Cultural Belsinón. Mallén. Zaragoza
Biografía
Nació en Mallén (Zaragoza), el día 9 de septiembre de 1903 en el seno de una modesta familia dedicada a la agricultura. Era el tercero de cuatro hermanos. Realizó estudios primarios en su tierra natal. Su padre murió cuando él tenía ocho años, y su madre cuando cumplió los veinte. Su destino natural era seguir la profesión natural como agricultor, pero su vocación musical le apartó de la misma y le condujo por los caminos de la música. En Mallén tocaba el requinto y era tanta su afición por la música que cuando iba a la huerta clavaba el astil de la azada en el suelo y utilizaba la hoja como atril dirigiendo una imaginaria banda de música, sueño éste que Pedro se empeñó en convertir en realidad.
Como tantos jóvenes de familias modestas, su primero contacto con el exterior tiene lugar con ocasión de cumplir el servicio militar obligatorio, siendo destinado a Zaragoza en el Regimiento Aragón 21, incorporándose a la banda de música de la misma donde realiza estudios de saxofón y asciende a Cabo Músico en sólo tres meses. Su aprovechamiento fue tal que al terminar el servicio militar es contratado como Sargento de la Banda de la Academia de Artillería de Segovia.
En el año 1929 aprobó la oposición como Director de Banda de Música, obteniendo el número uno en Valladolid y siendo destinado como tal a la Banda de Música de Nava del Rey (Valladolid). De esta localidad diría Pedro que era uno de los sitios en donde mejor trato le habían dado, progresando rápidamente la banda y obteniendo un voto de confianza. Realizó estudios de armonía, instrumentación, dirección, contrapunto y fuga en el Conservatorio Superior de Música de Madrid con el Capitán Director de la Banda de la Academia de Artillería D. Miguel Santonja y con el Comandante Director Militar D. Ricardo Dorado, autor famoso de marchas militares. Dorado dijo de él: "tiene usted dotes de composición grandísimas". Asimismo, estudió composición por correspondencia.
De Nava del Rey pasó a Lopera (Jaén), haciéndose cargo de la banda de música. En 1936 publicó sus primeras composiciones en un boletín llamado "Ediciones Gilerín" y en él publicó los pasodobles "¡Olé Belmonte!", "Martín Fiero" y el tango "Quisiera olvidarte". Contrajo matrimonio en Madrid en 1943 con Martina Fernández Osorio, natural de Algrejo (Valladolid), siendo solicitado nuevamente por el Ayuntamiento de Nava del Rey para volver a esa localidad. De ahí pasó a Tobarra en el año 1944 con ocasión de un concurso de méritos, haciéndose cargo de la Banda de Música de dicha localidad. Allí falleció su esposa el 23 de noviembre de 1948 sin que de ese matrimonio tuviera descendencia, y contrajo segundas nupcias en Albacete con una tobarreña, Francisca Martínez Ramón, el día 8 de noviembre de 1951, fijando su residencia definitiva en Tobarra en la calle Ramón y Cajal número 22. De este matrimonio nació Pedro Jesús Orencio Gil Martínez ("Pedroje") el 16 de marzo de 1953.
De Tobarra pasó a Cieza (Murcia) en el año 1953 volviendo nuevamente a Tobarra en el año 1955 y de aquí marchó a Cehegín (Murcia) en el año 1962, siempre a cargo de la banda de música de las localidades referidas, y terminó su carrera musical en Telde (Gran Canaria) en 1972 donde se jubiló al siguiente año al cumplir los setenta de edad, regresando nuevamente a Tobarra. Allí pasó el resto de su vida hasta que falleció el día 4 de noviembre de 1991, siendo acompañado en su entierro por su banda de música.
Obra musical
Su obra es muy extensa, tanto por los géneros abordados como por el número. Se calcula un mínimo de trescientas cincuenta obras compuestas por Pedro Gil Lerín, aunque el inventario de las mismas es muy difícil ya que han desaparecido algunas de ellas. Perteneció a la Sociedad General de Autores de España y en esa sociedad están registrados 79 títulos suyos. Es autor de numerosos himnos: "Himno a Cehegín", "Himno a Almansa", "Himno a Hellín", "Himno a Tobarra". Destacaron especialmente sus pasodobles toreros: "Monterito", "Pedrés el Grande", "Cabañero", "Club Taurino de Albacete", "Chicuelo de Albacete", "Valerito", "Antonio Torrecillas", "Viva Hellín Taurino". Todos ellos dedicados a toreros de la tierra. Antonio Moreno García, cronista oficial de la ciudad de Hellín, secretario general del Instituto de Estudios Albacetenses y uno de los fundadores de la revista Albasit, dedica un ejemplar de su libro "Hellín en Toros" a Pedro Gil Lerín en los siguientes términos: A Don Pedro Gil Lerín, a quien gustosamente desearía conocer, con mi agradecimiento por todas sus dedicaciones hacia el pueblo de Hellín. Afectuosamente, Albacete, 21 de junio de 1985. Fueron muchos los pasodobles taurinos compuestos y entre ellos podemos citar "Un pase de Villalta", "Morenito de Talavera", "Madrid taurino", "Gallito de Dos Hermanas", "A los toreros", "Vuelta al ruedo".
Tobarra fue beneficiaria de un importante número de obras musicales. Para su pueblo adoptivo compone las marchas de procesión "Cristo de la Antigua", "Virgen de la Encarnación", "El Prendimiento", "Viernes Santo en Tobarra", "A la memoria de Francisco Martínez Navarro" y "Semana Santa en Tobarra" (marcha fúnebre); "Himno a Tobarra", "Buena Fiesta", "Unión Musical Tobarreña", "Himno de San Antonio Abad" (con letra de su cuñado Alejandro Martínez Ramón, que viene interpretándose todos los años en las novenas de San Antonio Abad), "San Roque", "Tobarra" (pasodoble de concierto), "Gratitud a Tobarra" (pasodoble de concierto), "Tobarra en Fiestas", "Lealtad" (dedicado a los músicos de la banda municipal), "Canto a Tobarra", "Homenaje al pueblo de Tobarra" y "Saludo al pueblo".
La obra más importante que Pedro Gil Lerín aportó a Tobarra fue el "Himno a Tobarra". Su estreno tuvo lugar el día 22 de noviembre de 1955 en el Gran Teatro, pero inicialmente fue olvidada rápidamente. Fue en el año 1984 cuando se le dio una gran difusión, al ser interpretada una adaptación coral del mismo por el Orfeón de la Mancha en la Iglesia de la Asunción, estando presente el propio Pedro Gil Lerín. La obra alcanzó un gran éxito, y desde entonces tanto la banda de música como la coral Cristo de la Antigua interpretan el himno tras cada concierto y en los acontecimientos más importantes, como los Juegos Florales o el Cierre del tambor en Domingo de Resurrección.
Reconocimientos
En Mallén, su localidad natal, le homenajearon cambiando el nombre de la calle "Matadero" a "Músico Pedro Gil Lerín" en 1986. El homenajeado escribió una carta de agradecimiento al pueblo. Almansa realizó un acto en su honor en el Teatro Principal como agradecimiento por la composición del "Himno a Almansa", aunque no pudo asistir el autor por su delicado estado de salud. También Agramón y Hellín dedicaron el nombre de una calle a Pedro Gil Lerín. En Hellín también fue homenajeado en 2002 por la cofradía "Nuestra Señora del Dolor" en agradecimiento a la obra del mismo nombre compuesta por el músico. Tobarra le concedió el título de "hijo adoptivo de Tobarra" el 22 de marzo de 1988, y la banda de música del pueblo le tributó un homenaje en 1985 en el Cine Avenida, estrenando además una obra suya. Además, el Ayuntamiento creó el aula "Pedro Gil Lerín" y un ciclo musical de larga duración que se desarrolla entre noviembre y enero todos los años y que perdura hasta el día de hoy. Su último alumno, José Auñón Paterna, contribuyó ampliamente a la difusión de su obra durante el tiempo en que fue director de la Sociedad Unión Musical Santa Cecilia (organización que surgió de la disolución de la Banda Municipal de Tobarra que dirigiera Pedro Gil Lerín), interpretando en el ciclo musical mencionado anteriormente una obra de Pedro Gil Lerín cada año. Además, el 5 de abril del año 2003, celebrando el centenario del nacimiento del músico, dedicó el concierto de primavera íntegramente al compositor, interpretando diez obras suyas y grabando un disco-homenaje con ocho obras suyas interpretadas por la Unión Musical Santa Cecilia.
Como tantos jóvenes de familias modestas, su primero contacto con el exterior tiene lugar con ocasión de cumplir el servicio militar obligatorio, siendo destinado a Zaragoza en el Regimiento Aragón 21, incorporándose a la banda de música de la misma donde realiza estudios de saxofón y asciende a Cabo Músico en sólo tres meses. Su aprovechamiento fue tal que al terminar el servicio militar es contratado como Sargento de la Banda de la Academia de Artillería de Segovia.
En el año 1929 aprobó la oposición como Director de Banda de Música, obteniendo el número uno en Valladolid y siendo destinado como tal a la Banda de Música de Nava del Rey (Valladolid). De esta localidad diría Pedro que era uno de los sitios en donde mejor trato le habían dado, progresando rápidamente la banda y obteniendo un voto de confianza. Realizó estudios de armonía, instrumentación, dirección, contrapunto y fuga en el Conservatorio Superior de Música de Madrid con el Capitán Director de la Banda de la Academia de Artillería D. Miguel Santonja y con el Comandante Director Militar D. Ricardo Dorado, autor famoso de marchas militares. Dorado dijo de él: "tiene usted dotes de composición grandísimas". Asimismo, estudió composición por correspondencia.
De Nava del Rey pasó a Lopera (Jaén), haciéndose cargo de la banda de música. En 1936 publicó sus primeras composiciones en un boletín llamado "Ediciones Gilerín" y en él publicó los pasodobles "¡Olé Belmonte!", "Martín Fiero" y el tango "Quisiera olvidarte". Contrajo matrimonio en Madrid en 1943 con Martina Fernández Osorio, natural de Algrejo (Valladolid), siendo solicitado nuevamente por el Ayuntamiento de Nava del Rey para volver a esa localidad. De ahí pasó a Tobarra en el año 1944 con ocasión de un concurso de méritos, haciéndose cargo de la Banda de Música de dicha localidad. Allí falleció su esposa el 23 de noviembre de 1948 sin que de ese matrimonio tuviera descendencia, y contrajo segundas nupcias en Albacete con una tobarreña, Francisca Martínez Ramón, el día 8 de noviembre de 1951, fijando su residencia definitiva en Tobarra en la calle Ramón y Cajal número 22. De este matrimonio nació Pedro Jesús Orencio Gil Martínez ("Pedroje") el 16 de marzo de 1953.
De Tobarra pasó a Cieza (Murcia) en el año 1953 volviendo nuevamente a Tobarra en el año 1955 y de aquí marchó a Cehegín (Murcia) en el año 1962, siempre a cargo de la banda de música de las localidades referidas, y terminó su carrera musical en Telde (Gran Canaria) en 1972 donde se jubiló al siguiente año al cumplir los setenta de edad, regresando nuevamente a Tobarra. Allí pasó el resto de su vida hasta que falleció el día 4 de noviembre de 1991, siendo acompañado en su entierro por su banda de música.
Obra musical
Su obra es muy extensa, tanto por los géneros abordados como por el número. Se calcula un mínimo de trescientas cincuenta obras compuestas por Pedro Gil Lerín, aunque el inventario de las mismas es muy difícil ya que han desaparecido algunas de ellas. Perteneció a la Sociedad General de Autores de España y en esa sociedad están registrados 79 títulos suyos. Es autor de numerosos himnos: "Himno a Cehegín", "Himno a Almansa", "Himno a Hellín", "Himno a Tobarra". Destacaron especialmente sus pasodobles toreros: "Monterito", "Pedrés el Grande", "Cabañero", "Club Taurino de Albacete", "Chicuelo de Albacete", "Valerito", "Antonio Torrecillas", "Viva Hellín Taurino". Todos ellos dedicados a toreros de la tierra. Antonio Moreno García, cronista oficial de la ciudad de Hellín, secretario general del Instituto de Estudios Albacetenses y uno de los fundadores de la revista Albasit, dedica un ejemplar de su libro "Hellín en Toros" a Pedro Gil Lerín en los siguientes términos: A Don Pedro Gil Lerín, a quien gustosamente desearía conocer, con mi agradecimiento por todas sus dedicaciones hacia el pueblo de Hellín. Afectuosamente, Albacete, 21 de junio de 1985. Fueron muchos los pasodobles taurinos compuestos y entre ellos podemos citar "Un pase de Villalta", "Morenito de Talavera", "Madrid taurino", "Gallito de Dos Hermanas", "A los toreros", "Vuelta al ruedo".
Tobarra fue beneficiaria de un importante número de obras musicales. Para su pueblo adoptivo compone las marchas de procesión "Cristo de la Antigua", "Virgen de la Encarnación", "El Prendimiento", "Viernes Santo en Tobarra", "A la memoria de Francisco Martínez Navarro" y "Semana Santa en Tobarra" (marcha fúnebre); "Himno a Tobarra", "Buena Fiesta", "Unión Musical Tobarreña", "Himno de San Antonio Abad" (con letra de su cuñado Alejandro Martínez Ramón, que viene interpretándose todos los años en las novenas de San Antonio Abad), "San Roque", "Tobarra" (pasodoble de concierto), "Gratitud a Tobarra" (pasodoble de concierto), "Tobarra en Fiestas", "Lealtad" (dedicado a los músicos de la banda municipal), "Canto a Tobarra", "Homenaje al pueblo de Tobarra" y "Saludo al pueblo".
La obra más importante que Pedro Gil Lerín aportó a Tobarra fue el "Himno a Tobarra". Su estreno tuvo lugar el día 22 de noviembre de 1955 en el Gran Teatro, pero inicialmente fue olvidada rápidamente. Fue en el año 1984 cuando se le dio una gran difusión, al ser interpretada una adaptación coral del mismo por el Orfeón de la Mancha en la Iglesia de la Asunción, estando presente el propio Pedro Gil Lerín. La obra alcanzó un gran éxito, y desde entonces tanto la banda de música como la coral Cristo de la Antigua interpretan el himno tras cada concierto y en los acontecimientos más importantes, como los Juegos Florales o el Cierre del tambor en Domingo de Resurrección.
Reconocimientos
En Mallén, su localidad natal, le homenajearon cambiando el nombre de la calle "Matadero" a "Músico Pedro Gil Lerín" en 1986. El homenajeado escribió una carta de agradecimiento al pueblo. Almansa realizó un acto en su honor en el Teatro Principal como agradecimiento por la composición del "Himno a Almansa", aunque no pudo asistir el autor por su delicado estado de salud. También Agramón y Hellín dedicaron el nombre de una calle a Pedro Gil Lerín. En Hellín también fue homenajeado en 2002 por la cofradía "Nuestra Señora del Dolor" en agradecimiento a la obra del mismo nombre compuesta por el músico. Tobarra le concedió el título de "hijo adoptivo de Tobarra" el 22 de marzo de 1988, y la banda de música del pueblo le tributó un homenaje en 1985 en el Cine Avenida, estrenando además una obra suya. Además, el Ayuntamiento creó el aula "Pedro Gil Lerín" y un ciclo musical de larga duración que se desarrolla entre noviembre y enero todos los años y que perdura hasta el día de hoy. Su último alumno, José Auñón Paterna, contribuyó ampliamente a la difusión de su obra durante el tiempo en que fue director de la Sociedad Unión Musical Santa Cecilia (organización que surgió de la disolución de la Banda Municipal de Tobarra que dirigiera Pedro Gil Lerín), interpretando en el ciclo musical mencionado anteriormente una obra de Pedro Gil Lerín cada año. Además, el 5 de abril del año 2003, celebrando el centenario del nacimiento del músico, dedicó el concierto de primavera íntegramente al compositor, interpretando diez obras suyas y grabando un disco-homenaje con ocho obras suyas interpretadas por la Unión Musical Santa Cecilia.
En una revista de Tobarra aparece este escrito:
D. PEDRO GIL LERÍN.(1903-1991) HIJO ADOPTIVO DE TOBARRA
Pedro Gil Lerín nace en Mallén (Zaragoza) a las 2 de la tarde del día 9 de septiembre de 1.903 en la calle de la Yedra número 13, hijo de Fermín Gil Cerdán y de Vicenta Lerín Segura. Según obra en la certificación literal de su nacimiento era el tercero de los hijos de este matrimonio, del que nacería después otro más. Eran, pues, cuatro hijos: Lorenzo (agricultor, que falleció hace cuatro o cinco años), Joaquina (que contrajo matrimonio y se marchó a Argentina; donde falleció); Pedro el biografiado y Orencio (que vive en Mallén, ya jubilado de su anterior profesión de almacenista de bebidas). Nace Pedro en el seno de una modesta familia de agricultores. Su padre carece de instrucción. En el acta de su nacimiento consta literalmente "firmaron...(el acta), el Sr. Juez y los testigos que lo hacen por sí y a ruego del declarante (su padre) que dijo no saber hacerlo".
Realiza Pedro estudios primarios y se dedica a la agricultura, la profesión familiar, falleciendo su padre a los ocho años de nacer él y su madre a los veinte. Su afición por la música le viene desde muy temprano. Ya en la banda de Mallén tocaba el requinto y cuando iba a la huerta con la azada, clavaba el astil en el suelo y utilizaba la hoja de la misma como atril donde ponía la partitura y marcaba el compás de las notas musicales. Esa era la premonición que indicaba que Pedro había sido escogido por el destino para otras muy distintas tareas.
A los veintiún años, es movilizado para cumplir el servicio militar obligatorio y es destinado a Zaragoza y al Regimiento Aragón 21 en el Cuerpo de la Banda de Música, estudiando saxofón, ascendiendo a cabo músico a los tres meses. Al terminar el servicio militar es contratado como Sargento en la Banda de la Academia de Artillería de Segovia. Esta banda tocaba en los jardines de La Granja en Segovia en verano mientras cenaba la reina Victoria.
En el año 1.929 aprueba la oposición como Director de la Banda de Música, obteniendo el numero uno en Valladolid, siendo destinado en tal calidad a la Banda de Música de Nava del Rey (Valladolid). De esta localidad tiene buenos recuerdos afirmando que es uno de los sitios donde mejor trato le han dado, progresando rápidamente la banda de música y recibiendo por ello un voto de confianza. Continúa estudiando armonía, instrumentación, dirección, contrapunto y fuga en el Conservatorio de Madrid con el capitán Directorde labandade la Academia de Artillería D. Miguel Santonja y con el comandante director Militar D. Ricardo Dorado, autor famoso de marchas militares. Dorado dice de el "tiene usted dotes de composición grandísimas". Asimismo estudia composición por correspondencia.
De Nava del Rey pasa a Lopera (Jaén) donde obtiene plaza de Director de la banda de música por concurso de méritos. Allí, en el año 1.936 publica ya sus composiciones en un boletín llamado "Ediciones GILERIN" (palabra esta, formada por sus dos apellidos) y con letra de Antonio Ruiz publica "iOlé Belmonte!", un pasodoble; la obra "Martín Fierro" con letra de Ruiaura. También publica el tango "Quisiera olvidarte" con letra de Antonio Ruiz.
Contrae matrimonio en Madrid en el año 1.943 con Martina Fernández Ossorio, natural de Algrejo (Valladolid) siendo solicitado nuevamente por el Ayuntamiento de Nava del Rey para volver a esa localidad y de ahí pasa a Tobarra en el año 1.944 con ocasión de un concurso de méritos, haciéndose cargo de la banda de música de esta localidad. En Tobarra fallece su esposa el día 23 de Noviembre de 1.948 sin que de este matrimonio quede descendencia, contrayendo nuevo matrimonio en Albacete con la tobarreña Francisca Martínez Ramón el día 8 de Noviembre de 1.951, fijando su residencia definitiva en Tobarra en la calle Ramón y Cajal numero 22, en el barrio de San Antón, que continúa siendo su domicilio. Fruto de este matrimonio nace en Tobarra el día 16 de Marzo de 1.953 su único hijo Pedro Jesús Orencio Gil Martínez.("Pedroje").
De Tobarra pasa a Cieza (Murcia) en el año 1.953 volviendo nuevamente a Tobarra en el año 1.955 y de aquí marcha a Cehegín (Murcia) en el año 1 .962, siempre a cargo de la banda de música de las localidades referidas y finalmente a Telde (Gran Canaria) en 1.972 donde se jubila al siguiente año al cumplir los setenta de edad, regresando nuevamente a Tobarra
SU OBRA
Es muy extensa, tanto por los géneros que ha abordado como por su número. Se calcula un mínimo de trescientas cincuenta las obras compuestas por el profesor Gil Lerín, aunque el inventario de las mismas es poco menos que imposible, habiendo desaparecido algunas de ellas. Ha Tenido siempre el detalle de dejarlas sembradas por los lugares que ha pasado en su largo caminar, dedicándolas muchas veces a las poblaciones a las que ha servido, habiendo asimismo contribuido a su conocimiento general y también al reconocimiento de los pueblos a que ha dedicado alguna obra, amén de haberlas publicado en diversas ediciones como la nombrada "GILERIN" o en "Ediciones Lillo", donde publica el chotis "siempre Madrid", perteneciendo a la sociedad general de autores de España.
A la hora de hacer una clasificación de éstas, podría hacerse por temas y por lugares. Si hablamos de sus obras por lugares, podemos citar en primer lugar a su tierra natal Mallén y a su obra "Mallén en Fiestas". a Cehegín "Himno a Cehegín", a Almansa "Himno a Almansa", a Hellín "Himno a Hellín", a Tobarra "Himno a Tobarra" a Albacete, diversos pasodobles de temas taurinos para banda, entre ellos "Monterito", "Pedrés el Grande", "Cabañero", "Club taurino de Albacete", "Chicuelo de Albacete", "Por la feria de Albacete", a Hellín, componiendo para Antonio Martínez.Torrecillas "Radiante", un pasodoble "Antonio Torrecillas" y también el titulado "Viva Hellín taurino" dedicó a la afición local hellinera. De estas obras se hace eco Antonio Moreno García, Cronista Oficial de esta Ciudad y Secretario General del Instituto de Estudios Albacetenses, uno de los fundadores de la Revista "Albasit" en su obra "Hellín en Toros", dedicándole uno de los ejemplares con la siguiente frase "A D. Pedro Gil Lerín, a quien gustosamente desearía conocer, con mi agradecimiento por todas sus dedicaciones hacia el pueblo de Hellín, afectuosamente". Fechado en Albacete el día 21 de Junio de 1.985. A Valencia, con su obra "En las Fallas de Valencia".
Si la obra la clasificamos por temas, como he dicho, son todos los géneros objeto de su atención, especialmente el pasodoble para bandas de música y entre los mentados anteriormente, además "un paso de Villalta", "Morenito de Talavera", "Madrid Taurino", "Gallito de Dos Hermanas", "A los Toreros", "Vuelta al ruedo". El Tango, con la obra antes mencionada "Quisiera olvidarte", la polca de concierto "Nuevos recuerdos" y sobre todo también los himnos a las distintas localidades y obras festivas dedicadas a las ferias y fiestas de localidades, así como temas religiosos.
HOMENAJE DE PEDRO GIL LERIN A TOBARRA.
Las obras que escribe en y para Tobarra son muchas: "Cristo de la Antigua", "Virgen de la Encarnación", "San Roque", "Semana Santa en Tobarra", "El Prendimiento", "Viernes Santo en Tobarra"(a la memoria de Francisco Martínez Navarro), "Himno a Tobarra", "Buena Fiesta", "Unión Musical Tobarreña", etc.
De entre sus obras destaco el "Himno de San Antonio Abad", con Letra de Alejandro Martínez Ramón. Esta obra desde su creación, ha venido interpretándose ininterrumpidamente a lo largo de los años hasta el día de hoy en las novenas en honor de San Antonio Abad, contada por la magnifica voz de Encarnación Ruiz Parras. Mis recuerdos como tobarreño y sanantonero, barrio en el que nací y crecí, van unidos estrechamente a este himno mágico y sublime que todos conocen. También una obra muy importante del profesor Gil Lerín es el "Himno a Tobarra" que fue rescatada del olvido en el año 1984, al ser adaptada por el autor para coral e interpretada por el Orfeón de la Mancha bajo la dirección de Don Julio Sorribes en el pregón de Semana Santa de 1.984 en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Era este el primer año que el pregón se hacía en este lugar a iniciativa del presidente de la Asociación de cofradías de aquel año Don Jesús Ruiz Moreno, quien tuvo una decisiva intervención para que el Orfeón Manchego interpretara esta obra, gracias también a la participación del tobarreño y miembro del orfeón Don Francisco García Ruiz. Estuvo presente el autor el día de la interpretación. Fueron unos minutos inolvidables, vibrando los presentes -que llenaban la parroquia- de una intensa emoción. Puestos en pie, con el mayor respeto, en el mayor silencio se escuchaban los acordes del Himno a Tobarra entonados por el magistral Orfeón de la Mancha. Aquella noche, los tobarreños nos sentimos orgullosos de serlo y agradecimos con nuestros interminables aplausos al autor de la obra, por habernos ofrecido una bandera, un símbolo que nos distingue entre todos los pueblos. Desde ese momento, en los siguientes pregones de Semana Santa, y en los demás actos culturales (juegos florales de las fiestas de San Roque) se escucha como broche de oro y como afirmación de nuestra condición de hijos de esta tierra. Así pues, la letra, que es del también paisano Don Ginés ladrón de Guevara y Rodríguez de Vera, publicada en varias ocasiones y también en la revista de Semana Santa, es ya conocida por la mayoría de los tobarreños y se canta para resaltar el orgullo que tenemos de serio. Otra de sus obras "Unión Musical Tobarreña" que dedicó a la Banda de Música de Tobarra -su banda-, fue estrenada en el homenaje que la misma le hizo y del que después hablaré.
En los años cincuenta, su nombre se liga al esplendor del Teatro Viejo ("Gran Teatro") y a la cultura tobarreña. Son los años en que una compañía de aficionados a la música lírica pone en escena las más conocidas obras de zarzuela: "Katiusca", "la del manojo de rosas", "la rosa del azafrán", y otras muchas. El maestro dirige a la banda de música de Tobarra en las representaciones líricas y adapta estas obras para la misma, junto con Isabelita Arteaga Planes, que dirige a los interpretes. El éxito fue apoteósico. Gracias a estas representaciones, conocieron los tobarreños de aquella época nuestro género lírico y son recordados con nostalgia esos tiempos por quienes los vivieron.
HOMENAJES A SU OBRA
En Mallén, su tierra natal, se le ofrece un importante homenaje. Del mismo da cuenta la revista informativa "Mallén" en su número Tres del mes de Octubre de 1 .986, en la página diez, en la que se lee literalmente:"Homenaje a Pedro Gil lerín" y continua " Hace unos años, en 1.984, Mallén homenajeó a Pedro Gil lerín, músico natural de esta villa, de laque se fue tempranamente. Gil lerín estrenó entonces con la Banda de la Diputación de Zaragoza su obra "Mallén en Fiestas", recibiendo el aplauso y la admiración de todos los vecinos. El mes de agosto de 1989 el Ayuntamiento acordó en Pleno dedicar al músico una calle de nuestra localidad". Esta es la respuesta de Gil lerín tras conocer la noticia:"Muy señor mío: le dirijo la presente al haber recibido su carta de fecha 13 de los corrientes comunicándome el acuerdo por el que me dedicaban una calle de esa localidad, para darles las gracias más sinceras por el honor que me han concedido del que me siento muy orgulloso y más por venir de esa localidad donde yo nací y aunque llevo muchos años fuera me siento muy ligado a ella". Pedro Gil Lerín. En el número dos de la misma revista, de Junio de 1.986, en la página dos aparecen los nuevos nombres de calles de Mallén y la que antes era calle Matadero, ahora lo es "Calle Músico Pedro Gil Lerín".
Almansa también homenajea a Pedro Gil Lerín en el Teatro Principal en agradecimiento a la obra que el músico dedicó a esa localidad, no pudiendo asistir el autor por encontrarse mal de salud.
EL HOMENAJE DE TOBARRA A PEDRO GIL LERIN.
Tobarra no podía permanecer muda ante estos acontecimientos por muchas razones: porque la banda de música bajo cuya batuta obtuvo el segundo premio en el Certamen Provincial de Bandas de Música de Albacete en 1.947 y el tercer premio en el Certamen Interprovincial de Bandas de Música de Albacete con la composición del maestro "Alarde Musical", se había hecho acreedora de agradecimiento hacia su director que la colocó entre las mejores bajo su dirección. Por que Pedro Gil Lerín había echado raíces en Tobarra, al contraer matrimonio con una tobarreña. Porque a sus fiestas de San Roque, a su Semana Santa y a sus gentes, dedicó buena parte de su inspiración. Y porque le compuso su famoso himno para gloria de presentes y futuras generaciones.
Así pues, la primera obligada, su querida banda de música tobarreña, le dedica un importante homenaje en el Cine Avenida el día 3 de Agosto de 1.985 a las 9 de la tarde, organizado por la Sociedad Unión Musical Santa Cecilia, bajo la presidencia de Don Francisco Clemente Lorente. Encontrándose presente el alcalde del Ayuntamiento de Tobarra Don Miguel Guerrero Perona, que le hizo entrega de una placa conmemorativa. Al hacer uso de la palabra Don Francisco Clemente hizo una comparación de la música del maestro con el vino de Tobarra en los siguientes términos:"¿Qué es el vino de Tobarra?: Es un vino de "muchos grados, suave y oloroso y de buen paladar. ¿Y cómo es su música? Su música es de muchísimos grados, de mejor paladar y que al igual que el vino, unas veces nos hace reír y otras nos hace llorar". De lo ocurrido aquél día da cumplida noticia el Cronista Oficial de la Villa de Tobarra Don Guillermo A. Paterna Alfaro, publicando en el periódico "La Verdad" de Albacete el día 9 de agosto un extenso artículo titulado:"Homenaje en Tobarra al profesor Gil Lerín. Nacido para la música". El autor da fe con su testimonio de los pormenores del acto, en el que Pedro Gil Lerín estrena su obra "Unión Musical Tobarreña", dirigiendo el mismo a la banda que interpretó otras obras de su largo repertorio. En el acto intervino el poeta Don José Jorquera Manzanares y así mismo Don José García González. Este último en el periódico "La Tribuna" publica un articulo titulado "El maestro Gil Lerín estrenó dos marchas para Hellín" y escribe "a sus ochenta y dos años, este maño-tobarreño nacido en Mallén, provincia de Zaragoza, acaba de componer dos marchas, para la Banda de Música de Hellín "Nuestra Señora del Dolor" y "Semana Santa en Hellín" aplaudidas durante los desfiles procesionales de este año en la vecina localidad y también añade "llegó a Tobarra por casualidad y, aunque ha sido olvidado por muchos, aquí sigue en lo suyo, componiendo como un tobarreño más. Superando los' difíciles momentos en silencio. Paradójicamente silencioso este prestidigitador de ruido y cadencias de quien alguien dijo un día: ""Parece un solitario, pero quien es capaz de componer como Pedro Gil Lerín, nunca puede estar solo, por fuerza ha de estar acompañado por el genio creador de los grandes hombres." La banda de música tobarreña estaba dirigida aquel día por Don Alfonso Clemente (Colica).
A esta primera iniciativa surge otra. En esta ocasión es D. Juan Coy García quien, como presidente de la Hermandad de S. Antonio Abad, dirige al Sr. alcalde del Ayuntamiento de Tobarra la siguiente comunicación:
"Solicito del Pleno de ese Ayuntamiento, tenga a bien tomar en consideración, la propuesta de nombrar Hijo Adoptivo al Ilustre Profesor, compositor ""sanantonero"" D. Pedro Gil Lerín; así como la de poner a su nombre una calle del barrio de S. Antón. Propuestas ambas aprobadas por mayoría en la última reunión de la Junta Directiva de esta hermandad, por considerar que D. Pedro: merece todo tipo de homenajes en base a su trayectoria profesional y humana. Tobarra a 10 de Diciembre de 1.986". No podía ser menos que la iniciativa partiera precisamente del barrio de S. Antón, su barrio, tan acreedor de su himno a S. Antonio Abad. El Ayuntamiento, en sesión plenaria de fecha 18 de Diciembre de 1.986 acuerda entre otras cuestiones las siguientes "Se presenta escrito de Hermandad de S. Antón, en el que se solicita sea nombrado Hijo Adoptivo de la Villa de Tobarra a D. Pedro Gil Lerín. Los reunidos acuerdan iniciar los tramites al respecto."
En el Boletín Oficial de la Provincia de Albacete número 6 de fecha 14 de Enero de 1.987 se da publicidad en la página 9 a este hecho para que puedan formular alegaciones las personas o entidades que lo estimen conveniente,' aportando documentación o haciendo sugerencias relativas al fondo del expediente. Por fin el 22 de Marzo de 1 .988 se acuerda por la Corporación municipal el "Nombramiento de Hijo Adoptivo en favor del Ilustre Profesor, Compositor, y ya desde hace muchos años querido y considerado por todos nosotros.
Queda pendiente la otra petición hecha por la Hermandad de que se le ponga el nombre a una calle de S. Antón o de Tobarra.
FUENTES:
Texto:
"PEDRO GIL LERÍN HIJO ADOPTIVO DE TOBARRA". Martinez González, D. Revista de Semana Santa de Tobarra. Año 1990. Asociación de Cofradías de Semana Santa de Tobarra.
Fotografías:
Revista Asociación de Cofradías de Semana Santa de Tobarra (Albacete). Año 1990.
Asociación Cultural Belsinón. Mallén. Zaragoza
martes, 20 de enero de 2009
Roche el bandido albaceteño Por Antonio Matea
A don Francisco Navarro Pretel, cura párroco de Liétor.Sin su inestimable ayudano hubiese podido escribir estas líneas.Mi más sincero agradecimiento hacia él.
La carretera de Liétor, una vez tomado el desvío en Villarejo, llega apenas en 3 km. a un cruce donde viene señalado Híjar con 5 km. de distancia. Aunque la cifra correcta marcada deberían de ser los 7,5 km. que separan esta aldea de Liétor de la carretera principal. Híjar es una pequeña población enclavada en un precioso valle, en el que todavía es posible escuchar las hermosísimas notas del canto del pardo ruiseñor, que anida en los cañaverales besados por el agua del río Mundo. Este río precisamente divide a esta aldea, que apenas cuenta ya con 10 ó 12 habitantes, mayores todos ellos, en dos núcleos. En su margen derecha quedan algunas viejas casas de piedra y tapial, construidas alrededor de un gran olmo plantado en la plaza, casas que rezuman tristeza, angustia y soledad. Por encima quedan los restos de lo que fue un importante torreón sarraceno, aunque hoy sólo son unas pocas ruinas y un lamento de un glorioso tiempo pasado que ha caído ya en el olvido. Más abajo, un amplio valle da cobijo a un gran número de huertos, muchos de ellos ya abandonados y cubiertos de estériles y sangrientas amapolas, entre las que vemos a un mulo revolcándose en la tierra y levantando grandes cantidades de polvo. Estos huertos son regados por las aguas del Mundo y las de un abundante manantial, donde se encuentra el lavadero, que brota a los mismos pies del peñón que cobija al viejo castillo morisco. Al otro lado del río quedan las escuelas, ya en desuso, construidas a mediados de siglo, y otras construcciones más recientes que contrastan de forma notable con las de su orilla contraria. También destaca en este hermoso valle, como una profunda herida del todo incurable, un gran tajo abierto entre los pinos de la umbría, que guarda en sus entrañas las enormes tuberías de un recién instalado gasoducto.La estrecha y zigzagueante carretera que desciende suavemente hacia Híjar va acompañada por la Rambla del Castillarejo, también llamada Rambla de Roche, y, apenas un kilómetro después, llega a Pocico Tomillo. El lugar es fácil de distinguir, pues un gran pino piñonero deja reflejada en el suelo una gran sombra que oscurece al viejo tornajo de madera y al más reciente pilón de cemento, utilizados ambos como abrevaderos para el ganado con el agua que antiguamente se sacaba de un pequeño pozo. Pero el pozo ya se cegó hace tiempo con piedras y tierra y sólo se muestra como un profundo quejido de dolor y una poética elegía del campo ajado y abandonado. Por encima queda la solana del monte Castillarejo totalmente cubierta de pinos carrascos que acompañan a unos cercanos almendros, cuyos frutillos se presentan como pequeños botones verdes que sobresalen entre las brillantes hojas de los árboles. Por los alrededores se ven numerosas retamas de afiladas hojas, algunos enebros, espliego, romero y tomillo, que además dejan notar su aromático aliento por toda la zona, y algunas matas de esparto, pequeños resquicios de lo que fue una importante explotación hace ya bastantes años. Unas pequeñas florecillas vestidas de gualda dejan su bello matiz por encima de los floreados tomillares y parecen relucientes puntitos dorados, que han sido bordados sobre el pardo tapiz de la tierra. Junto al pequeño y mustio pocillo pasaba antiguamente un macilento camino de herradura que, desde Híjar y las casas del Castillarejo, enlazaba con un carril carretero que iba desde Villarejo y la Rambla de Maturras hacia Liétor. Precisamente por este camino fue trasladado el cadáver del bandido Roche dentro de un carro para ser llevado hasta esta última localidad, tras ser muerto por la Guardia Civil en Pocico Tomillo el 15 de julio de 1891. Allí en Liétor el juez municipal, don Lorenzo García, redactó el acta de su defunción, firmada después por el secretario y varios testigos, antes de darle sepultura en el cementerio de esa villa. El Castillarejo, a mitad de camino entre Híjar y Pocico Tomillo, está situado bajo un diminuto peñasco que dio cobijo durante el Neolítico, o posiblemente ya en la Edad del Bronce, a una pequeña población humana. Está formado por dos grupos de casonas rústicas de piedra y barro separados por la carretera, casi todas ya en estado ruinoso, con algunos muros resquebrajados y agrietados y varias traviesas de madera del techo caídas al suelo. Estas ruinas y el remanso de silencio, sólo roto por el suave susurro del viento y por los alegres trinos de algún pajarillo, le dan a este antiguo habitáculo el aspecto de una auténtica población fantasma. Sin embargo alguna vivienda se ha rehabilitado para ser utilizada como casa de labor o lugar de descanso, lo que le hace perder en parte el extraño y cautivante encanto que posee. En la misma rambla, más abajo, se encuentra la fuente donde antaño llenaban sus cántaros de agua los habitantes de esta aldea, que tuvieron que partir un día ya lejano a extrañas tierras, una vez que fueron quebradas todas sus ilusiones y perdieron sus esperanzas de poder permanecer allí. Así partieron hacia Liétor, Albacete o a otras capitales cercanas, que aumentaron su población a costa de dejar yermos los pequeños pueblos y aldeas. Más arriba, a unos 300 metros, queda la Casa del Guarda, una vivienda en buen estado que se acompaña por otra cuyos muros aparecen completamente desmoronados, doblegados ya y vencidos por la carrera de la edad.Pero si nos encontramos en esta hechizante aldea fantasma de vetustos muros empedrados, y cerramos los ojos durante unos instantes y escuchamos el silencio reinante, confabulado en algunos instantes con el vuelo chillón de alguna golondrina, podemos viajar con la imaginación, a través del mundo fantástico de los sueños, a ese tiempo pretérito en que la pequeña población era un manantial de vida. Podremos viajar, sumidos en un profundo onirismo, a un tiempo pasado en que la aldea bullía de gente que trabajaba en el campo y de él vivía, pues el campo siempre tenía algo que ofrecer a quien sabía buscarlo. Y resonaba el metálico tintineo de las esquilas del ganado, cuando los pastores marchaban con sus pequeños hatajos de ovejas y cabras a pastar en los ricos pastos de los lugares más recónditos del monte. Y hacían leguas y leguas recorriendo las trochas y veredas del monte, con el avío preparado para aguantar una dura jornada, hasta que el sol casi empezaba a ocultarse por el horizonte. Otros salían con el primer albor del día a trabajar la dura tierra con sus yuntas de mulas y a recoger esparto y los frutos de las oliveras y los almendros que luego traían sobre los peludos y enalbardados borriquillos; o leños y piñas que se apilaban junto a los hornos de pan o en la parte trasera de las viviendas. Mientras, los críos corrían tras las gallinas y tras sus emplumonados hijuelos, entre grandes algarabías y griteríos y el cacareo monótono de los animales, al tiempo de ver como sus madres preparaban la pitanza de los cerdos y la de sus esposos, o cocían el pan una vez por semana. En cuanto el día se apagaba y la luna tintaba de plata las tejas de los tejados, las chimeneas se encendían y comenzaban a mostrar sus blancos penachos de humo. Los hombres y mujeres se agolpaban en torno a la roja y chisporroteante lumbre hogareña en las largas noches del álgido invierno de la sierra. Allí, junto a la encendida fogata, cuyo reflejo teñía los atentos y cándidos rostros de rojo y dejaba entrever las pupilas dilatadas de los ojos, bailaban y cantaban seguidillas, pardicas, jotas corridas, fandangos, malagueñas y numerosos villancicos cuando llegaba la Navidad. Otras veces los más ancianos contaban viejas historias que habían sido rescatadas del olvido y se hallaban guardadas en el profundo arcón sin fondo de la memoria, o en cada piedra, pared o rincón de la aldea; o inventadas a veces por ellos mismos, que el campo es lugar espacioso donde la imaginación puede correr sin barreras, más aún en tiempos en que no existía la televisión ni apenas podían disponer del gustoso placer de los libros. Allí, junto al fuego, tomando a veces reunión todos los vecinos en una misma casa, mientras el viento sinfónico del monte dejaba escuchar su canto al rozar los tejados, produciendo a veces sonidos que parecían lúgubres quejidos, escuchaban atentamente las palabras que escapaban de los labios del sabio orador, que, con felicísimo ingenio, sabía cautivar a sus oyentes. Y contaban historias bucólicas que hacían lanzar sonrisas de oreja a oreja, aunque otras eran tan reales y trágicas que dejaban a todos los presentes completamente ofuscados y amedrentados. De esta guisa marchaban luego a sus casas y así permanecían hasta que el plácido sueño los vencía en sus blandas camas de colchones de panojas. Historias de tesoros escondidos que fueron lágrimas caídas de moros ante la pérdida de sus antiguos dominios, de encantadas que aparecían vestidas de blanco en lugares con agua o de almas en pena que vagaban continuamente de un lugar para otro y se aparecían en las noches oscuras a caminantes solitarios. Otros hablaban del célebre coronel Villalobos, convertido en guerrillero ante la invasión napoleónica, que casó en Huéscar a sus 36 años con una joven que apenas tenía 15 y era descendiente de la familia letuaria de los Belmonte. Otros más hablaban de desertados y bandidos que andaban solitarios, desvalijando a todos aquellos que se encontraban por los caminos, y buscaban refugio y comida lejos de los lugares donde pudiesen ser descubiertos por las fuerzas del orden. O de algunos otros que andaban en cuadrilla, como Jaime Alfonso el Barbudo, un bandolero de Crevillente que, después de ser indultado, fue condenado en circunstancias extrañas a morir en la horca. Su cuerpo además, fue dividido en cinco partes que fueron fritas en aceite para evitar su descomposición. Su cabeza fue expuesta en una plaza de Crevillente dentro de una jaula de hierro para escarmiento público y una de sus manos se colocó en el puerto de la Mala Mujer, cerca de Hellín. Incluso se cuenta que un hijo suyo, en compañía de su tío José Juan, se echó al monte para vengar la muerte de su padre, ocurrida en 1824, y llegó a ser perseguido por tierras de Liétor. Aunque sin duda alguna la historia que anduvo durante más tiempo de boca en boca, de chimenea en chimenea y de cortijo en cortijo, y que todavía permanece como recuerdo imborrable en la memoria de los más viejos, es la historia y muerte del carlista Roche. Un hombre que muchos años después de echarse al monte murió, según la versión de la Guardia Civil, en un enfrentamiento con los miembros de este benemérito cuerpo; como diría antiguamente el pueblo, que ensalzaba a los bandoleros románticos, murió como los valientes, vestido, calzado y sin sacramentos. Aunque la versión popular difiere de la oficial y cuenta que fue muerto en la cama enfermo y traicionado por un amigo suyo. Pero para entender la muerte e historia de este bandido sería conveniente remontarse a los orígenes del problema carlista en nuestro país, un problema que surgió a finales del primer tercio del siglo XIX.El origen del carlismo.Tras la muerte de Fernando VII, ocurrida el 29 de septiembre de 1833, fue proclamada reina de España su hija Isabel que por entonces contaba con tres años de edad, aunque esta minoría de edad obligaría a coger las riendas de la regencia y a nombrar gobierno a su madre María Cristina. Pero a su vez, Carlos María Isidro, hermano del monarca fallecido, se autoproclamaba también rey de España por lo que comenzaba un periodo de guerras civiles en nuestro país que no acabaría hasta ya entrado el último cuarto del siglo.Pero el verdadero origen del conflicto habría que buscarlo en el siglo anterior cuando el primer rey Borbón, Felipe V, firmó un Auto instaurando la Ley Sálica, de uso común en la corona francesa desde el siglo XIV, que vedaba la llegada al trono español a las mujeres siempre que hubiese un heredero varón en línea directa o colateral. Según esta ley, a la muerte de don Fernando, que después de tres matrimonios no había tenido descendencia, le iba a suceder en la corona su hermano Carlos. Pero el todavía rey de España decidió abolir esta ley después de su cuarta boda con su sobrina María Cristina, por lo que si tenía una hija de este matrimonio sería ella la heredera de la corona. En realidad había sido su padre Carlos IV quien obligó a las Cortes a la abolición de la Ley Sálica para retornar al antiguo orden sucesorio de las Partidas de Alfonso X, pero la llegada de la Revolución Francesa decidió al rey a disolver las Cortes por lo que la nueva ley sucesoria no fue refrendada por el monarca. Sin embargo el 3 de abril de 1830 aparecía publicada en la Gaceta de Madrid la Pragmática Sanción y aunque la derogó y restauró sucesivamente, según la influencia que recibió de los distintos hombres de su camarilla, estaba en vigor en el momento de su muerte. Por lo tanto con esta ley se cerraban las puertas del trono al infante Carlos y se permitía con el tiempo la coronación de su sobrina Isabel, que nacería seis meses después de su publicación.Fueron tres los intentos bélicos que llevaron a cabo el pretendiente al trono Carlos y sus sucesores para intentar conseguir la corona de España. Se iniciaron el 1 de octubre de 1833, cuando don Carlos lanzó el Manifiesto de Abrantes por el que se proclamaba rey con el título de Carlos V, y terminaron cuando los carlistas fueron derrotados por las tropas de Alfonso XII y el entonces pretendiente Carlos VII tuvo que partir al exilio. La insurrección carlista triunfó por casi todo el norte peninsular extendiéndose por el País Vasco, Navarra, La Rioja, Cataluña y algunas zonas de Aragón y Valencia, sobre todo entre el campesinado y amplios sectores de la baja nobleza y el clero más reaccionario. Los partidarios del carlismo no sólo perseguían los derechos dinásticos del aspirante Carlos y la legitimidad de la Ley Sálica, rechazando por completo la Pragmática Sanción. Reivindicaban también el establecimiento de un modelo socioeconómico y político totalmente contrarrevolucionario, que permitiese restaurar los fueros perdidos en el siglo anterior, y la instauración de una monarquía católica autoritaria contrapuesta al liberalismo centralizador instaurado por la monarquía reinante. Un modelo de sociedad y una legitimidad histórica que los carlistas resumían en el lema “Dios, Patria y Rey”.Las tropas carlistas contaron desde un principio con escasos apoyos internacionales y una gran desventaja material y de medios humanos frente a los ejércitos cristinos. Esta penuria armamentista y económica obligó al empleo de la guerra de guerrillas, a realizar incautaciones al enemigo y a exigir contribuciones forzosas entre la población civil para así aumentar sus vacías arcas. También contó el carlismo en numerosas ocasiones con la complicidad de la población civil, aun fuera de las zonas de influencia citadas anteriormente. Generalmente se encargó el mando de las tropas a gentes que conociesen el medio físico por donde actuaban las partidas. Aunque exceptuando a algunos oficiales del ejército (en algunos casos altos mandos que habían sido depuestos de sus cargos) estas gentes solían ser totalmente inexpertas en el mando de unidades militares, sin ningún tipo de conocimientos académicos. Igualmente se incorporaron a las filas carlistas numerosos elementos progresistas y republicanos y muchas otras personas agraviadas que no poseían ningún tipo de propiedad, o habían sido desposeídas por la desamortización de las tierras que habían trabajado tradicionalmente. Todos estos hombres vieron en el ejército carlista la posibilidad de conseguir un jornal por sus servicios, en vez de morir de hambre por un salario de miseria. En estos primeros años de carlismo fue clave la figura del coronel Tomás de Zumalacárregui, que organizó un ejército capaz de derrotar a las tropas cristisnas en numerosas ocasiones, como así ocurrió en las batallas de Tolosa, Vergara, Eíbar o Durango. Pero su muerte en Bilbao el 23 de julio de 1835 supuso también el inicio del descalabro carlista que prácticamente acabó con el abrazo de Vergara entre los generales Maroto y Espartero. El carlismo en Albacete.El carlismo tuvo un apoyo muy pequeño en la provincia de Albacete aunque sus tropas hicieron numerosas incursiones en ella para conseguir víveres, caballerías y dinero con los que poder seguir la guerra. Las incursiones carlistas llegaban desde Valencia y Cuenca concentrándose casi siempre sobre la capital, que fue saqueada en tres ocasiones en apenas seis meses. En estas incursiones se recaudaron importantes cantidades de dinero y se ocasionaron también numerosos gastos de manutención y destrozos por otra importante cantidad. Hubo enfrentamientos e invasiones carlistas también en Villarrobledo, Barrax, Tarazona de la Mancha, La Roda, Almansa, Alpera, etc. Junto al ejército carlista existían bandas, con pocas conexiones entre sí, que actuaban por las provincias de Cuenca y Ciudad Real, aunque penetraron en numerosas ocasiones en nuestra provincia. Entre esas partidas las más conocidas eran las de La Mancha, El Pablillos y Archidona.Roa y Erostarbe cuenta en su Crónica de la Provincia de Albacete que el 11 de febrero de 1838, dos años antes de finalizar la Primera Guerra Carlista, una expedición carlista mandada por el general Basilio Antonio García llegaba a Nerpio tras realizar una penosísima marcha por la sierra. Al día siguiente los miembros de esa expedición salieron del pueblo y, ya de noche, llegaron hasta el río Segura por el llamado Barranco del Loro, aunque no lo pudieron cruzar debido al fuerte caudal del río. Incluso algunos hombres y caballos perecieron ahogados al intentar cruzarlo. Sin embargo gracias a algunos vecinos de Yeste, que salieron con sus teas y hachones encendidos, los carlistas consiguieron vadear finalmente el curso del agua y se dirigieron a esta población para reponerse de la fatiga durante un par de días. Ya repuestas del cansancio las tropas carlistas regresaron de nuevo a Nerpio, donde descubrieron algunas ropas ensangrentadas de algunos compañeros rezagados durante su anterior salida del pueblo que habían sido muertos por sus habitantes. Como venganza se dedicaron a cometer todo tipo de tropelías con la gente y antes de partir de nuevo incendiaron la población. La Segunda Guerra Carlista o Guerra del Matiners, que estalló en 1846 tras el fracaso de las tentativas de unión matrimonial entre Isabel II y el pretendiente carlista Carlos VI y acabó tres años más tarde con su abortada llegada a España, sólo se desarrolló en la geografía catalana. Pero la Tercera Guerra Carlista, iniciada en 1872, trajo de nuevo la inseguridad a nuestra provincia, aunque esta guerra tuvo sus principales batallas sobre todo en el País Vasco y Cataluña. En 1873 la partida del cabecilla Cucala actuaba por Alatoz y la de Joaquín Tercero quemaba el Registro Civil de Nerpio. A comienzos de 1874 la cuadrilla de Santés entraba en Albacete, que tenía que rendirse al cabecilla, al que se le tuvieron que entregar además 40 caballos, 1.200 fusiles y 14.000 cartuchos. Posteriormente avanzó hacia Almansa, ciudad que también consiguió tomar por la fuerza de las armas. En septiembre de ese mismo año el coronel carlista Miguel Lozano, nacido en la población murciana de Jumilla, recorrió Bonete, Hellín, Socovos, Férez y Nerpio recaudando contribuciones de guerra para su causa. Posteriormente, en ese mismo mes de septiembre, llegó a Bogarra donde fue capturado por el brigadista gubernamental Dabau, que le llevó prisionero hasta Albacete donde se le formó un consejo de guerra que le sentenció a morir fusilado el día 3 de diciembre (Manuel Requena Gallego en Historia de la Provincia de Albacete).De todas formas las noticias sobre el apresamiento y muerte de Lozano son contradictorias y algunos autores afirman que logró escapar del cerco realista de Bogarra. En el Archivo Histórico Provincial de Albacete existe un informe, enviado por el Juzgado de Primera Instancia de Caravaca al Presidente de la Audiencia de Albacete, en el que se da la noticia del asalto de Lozano a la localidad de Moratalla el día 4 de octubre de 1874 a las 8,30 de la tarde, por lo que era imposible que hubiese sido capturado en Bogarra el mes anterior. Se informaba en ese escrito que, al mando de 1.500 hombres, había entrado en el Registro Civil donde se apoderó de todos los libros que fueron quemados posteriormente. En el Ayuntamiento retuvo al alcalde, concejales y mayores contribuyentes del pueblo a quienes obligó a que le entregasen una cantidad de dinero cifrada en 41.800 reales, 1.500 raciones de comida y 60 fanegas de cebada. Además se llevó 25 fusiles y numerosos cartuchos que se encontraban en el depósito del citado edificio consistorial. También Roa y Erostarbe afirma que Lozano consiguió escapar en Bogarra del cerco que le tendieron las tropas liberales, aunque este autor traslada este encuentro bélico al día 16 de octubre de 1874. Según Roa, Lozano salió precipitadamente a media noche y apenas vestido por una estrecha abertura que había entre dos edificios de la población. Cuenta que tuvo que dejar sin embargo antes de retirarse a muchos de sus hombres dentro del pueblo, que fueron hechos prisioneros, casi toda la caballería y unos 13.000 duros en metálico. El jefe carlista se dirigió con los 150 hombres que le quedaban hacia Villanueva de la Fuente, después de pasar por Riópar y Villaverde de Guadalimar. Ramón García Montes, más conocido como Ramón Roche, fue un oficial carlista que a finales de marzo de 1873 y al mando de 120 hombres recorrió los municipios de Ontur, Albatana y Hellín, localidad esta última donde parece ser que tuvo algún apoyo por parte de la población. Unos días más tarde causó destrozos y confiscó dinero, víveres y caballerías en Alatoz, Carcelén, Hoya Gonzalo, Villa de Ves, la Estación de Chinchilla y Pozohondo. Había nacido en Montealegre del Castillo en 1833, por lo que conocía toda la zona a la perfección y siempre sabía por donde se movía lo que imposibilitaba su captura por las tropas del gobierno. Para contrarrestar el apoyo de la población a Roche y a los demás carlistas, el gobernador republicano Ramón Moreno llegó a solicitar a los sacerdotes que desde el púlpito instasen a sus feligreses a que no les ofreciesen apoyo. Al tiempo mandó detener a trece personas en la capital por colaboracionistas y a un juez en Hellín.Tanta incursión carlista por los pueblos de nuestra provincia y en la misma capital llevó a muchos ayuntamientos a tomar medidas para evitar que las tropas enemigas llegasen a sus localidades, sobre todo cuando una partida se encontraba en alguna población cercana. Así por ejemplo, en Liétor se reunió el Ayuntamiento en asamblea permanente ante la llegada del cabecilla Rico a Peñarrubia y Elche de la Sierra al frente de casi 500 hombres, a finales de octubre de 1873. Los miembros del consistorio, con su alcalde Andrés Gil a la cabeza, decidieron tomar una serie de medidas de urgencia con el fin de evitar una invasión de su villa ante la llegada inminente de las tropas carlistas. Entre esas medidas se decidió cortar el puente sobre el río Mundo, situado en el camino que conduce a Elche de la Sierra. También se enviaron exploradores por ese camino para avisar de la llegada de los carlistas, se ordenó que se reuniesen y tomasen las armas todos los voluntarios de la República y la colocación de luces artificiales en todos los balcones o ventanas que dan vista a la vía pública por la noche.De igual forma el Ayuntamiento de Liétor decidió la publicación de un bando para que todos aquellos ancianos, niños y mujeres que quisieran salir del pueblo por su propia voluntad pudiesen hacerlo inmediatamente. Se comunicaba a la población que al toque de corneta o de campanas todos los varones mayores de 20 años y menores de 60 debían presentarse en la plaza para defender la población. Se decía además que aquellos que no acudiesen al tocar a rebato sin una causa justificada serían castigados con una multa de 25 pesetas, sin perjuicio de que se abriese también un sumario contra ellos para determinar las causas de no acudir a una llamada tan esencial y patriótica como era la defensa del pueblo y sus hogares. Sin embargo la invasión de las tropas carlistas, denominadas desde el Ayuntamiento letuario como turbas de ambiciosos e indisciplinados merodeadores que sin bandera alguna robaban, saqueaban, devastaban e incendiaban evocando a la sagrada religión, no llegó a producirse sobre esta localidad. Impidió esa invasión, sobre todo, la llegada de una columna republicana al pueblo mandada por el coronel Moltó procedente de Hellín, lo que aconsejó a los carlistas a tomar otros derroteros.Acabada la I República española, tras el golpe militar del general Pavía en enero de 1874, en diciembre de ese mismo año se restauraba en el trono a la casa de Borbón. El nuevo rey, Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II, tuvo como principal objetivo en su nuevo reinado poner fin a la guerra carlista. El mismo rey se puso al frente de las operaciones militares infligiendo severas derrotas al autodenominado “Ejercito de Dios, del Trono de la Propiedad y de la Familia”. Estas derrotas forzaron al pretendiente carlista, Carlos VII, a cruzar la frontera francesa por Valcarlos (Navarra) el 28 de febrero de 1876 rumbo al exilio. Ese mismo camino del exilio tuvo que ser tomado por numerosos oficiales y altos jefes carlistas, aunque la mayoría de los combatientes decidieron acogerse al indulto que muy pronto concedió el nuevo rey. Sin embargo otros carlistas como Ramón Roche, tal vez marcados fuertemente por una ideología y unos principios que creían justos, no decidieron aceptar la rendición ni tomar ninguno de los dos caminos anteriores, por lo que se echaron al monte y comenzaron a vivir en la vida clandestina y bandolera.Roche, un señor bandido.Pero Roche no fue un vulgar ladronzuelo que se dedicó a asaltar a pobres caminantes, como hicieron otros muchos bandoleros. Roche era un señor bandido, un hombre distinguido, con educación y con principios, y como tal era tenido por los habitantes de las zonas por donde actuaba, quienes todavía lo recordaban con afecto muchos años después de su muerte. Además algunas de sus acciones durante la guerra habían sido verdaderamente espectaculares, como la que realizó en el Ayuntamiento de Hellín en 1873. Se cuenta que haciendo creer a las autoridades que un enorme ejército carlista mandado por Lozano rodeaba la ciudad, entró dentro del pueblo acompañado únicamente de diez hombres que estaban a sus órdenes. En el consistorio exigió la entrega de todos los fondos que allí había, y además mandó bajar a la plaza toda la documentación existente en el Registro Municipal con la que hizo una gran hoguera, para así poder destruir títulos de propiedad, deudas no pagadas, etc. A continuación marchó completamente tranquilo hacia las afueras del pueblo perdiéndose a la vista de los asombrados hellineros. Otros autores cuentan que ese mismo año, en julio, robó también los fondos municipales del Ayuntamiento de Calasparra, por lo que se mandó a una partida de guardias en su persecución, aunque no se le consiguió capturar.Desde el fin de la guerra Roche estuvo continuamente en boca de la gente, que hablaba de él en tertulias de café de pueblos importantes como Hellín, Tobarra, o incluso en la misma capital albaceteña. También en las tabernas o en las ventas de los caminos reales era el tema principal de conversación de aquellos años finales del siglo XIX. Al igual que ocurría en los mismos cortijos y aldeas de la comarca de Hellín, donde, una vez entrados en bureo toda la familia o varios vecinos, al calor de la lumbre de la chimenea y entre trago y trago de vino, contaban historias del bandido, a veces ciertas, pero que otras veces superaban en muchos puntos a la misma realidad. Además Roche era muy admirado por las gentes humildes por el solo hecho de enfrentarse a las fuerzas del orden y al poder establecido, y veían en él a un hombre que se había echado al monte por defender unos ideales que creía justos. Por todo ello, en los caseríos aislados y aldeas a los que llegaba, se le daba cobijo y alimento sin necesidad de que tuviera que tomarlos a la fuerza.Se cuenta que incluso hubo bandidos que tomaron su nombre para cometer algún robo, como así dicen que ocurrió en cierta ocasión mientras Roche estaba en la casa de un tal Isidoro Molina. Hasta allí llegó un bandido, al que denominaban el Zapaterín de la Reja, que se puso a llamar a la puerta diciendo ser el Roche. Pero el verdadero Roche salió y agarró al bandolero apócrifo por el pecho y tras darle dos bofetadas le dijo quien era y que no lo volviese a ver más por allí mientras él estuviese por la comarca. Incluso se decía que se constituyó en defensor de los humildes contra estos bandidos de poca monta que merodeaban por el lugar, como así hizo también luchando con un sanguinario bandolero llamado Peliciego. Sin embargo a las gentes acaudaladas y poderosas les obligaba a darles parte de su fortuna, más aún si estos habían sido partidarios durante la guerra de las tropas gubernamentales.Intentando ensalzar al bandido por encima de la Guardia Civil se contaban anécdotas sobre el temor que los guardias le tenían. Se dice que en una ocasión dos guardias entraron en una casa donde estaba Roche y comentaron que cuando lo encontrasen le iban a dar una verdadera lección antes de acabar con él. Este que los escuchó salió al instante y dijo que estaba ante ellos por lo que si eran tan valientes cumpliesen lo que habían prometido. Pero los guardias se quedaron completamente atemorizados y no fueron capaces de mover una sola pestaña. Otros relatos cuentan de verdaderas partidas de guardias civiles huyendo acobardados ante su presencia, pero supongo que esto forma más parte de la leyenda que de la realidad.Las personas mayores recuerdan haber oído a sus abuelos contar muchas historietas sobre Roche, historietas que posiblemente muchas veces fueran pura ficción. Decían que no sólo era respetado por las gentes del campo sino que además hacía todo lo posible por socorrer a esas gentes. En cierta ocasión ayudó a dos jóvenes que estaban cortando leña y además les dio de comer de lo que él llevaba. Otra vez se cruzó con un campesino que iba montado sobre un burro que era tan viejo que parecía un auténtico esqueleto. Roche al ver al animal lo mató y entregó dinero a su dueño para que comprara otro más joven. Incluso se dice también que dio unas monedas a otro hombre que estaba por Las Hermanas y llevaba esparto a la espalda para sacar algún dinero. Otros contaban lo alto que era y la enorme fuerza que tenía el carlista y que nadie era capaz de vencerlo en un pulso. Además se decía de él que poseía una puntería envidiable.Juan Antonio Alcantud, un hombre de edad avanzada, contaba en 1994, que su abuelo, que había sido guarda de Las Hoyas durante más de 30 años, fue muy amigo de Roche. La amistad tuvo su origen en cierta ocasión en que el bandido encontró al guarda en un camino y le pidió de comer, cosa a la que éste no rehusó. El guarda contaba años más tarde a su nieto que Roche siempre llevaba en el bolsillo una bola de veneno par suicidarse si algún día se veía acorralado por la Guardia Civil. También hablaba este hombre de la bondad y generosidad del bandido con los pobres, pues obligaba a las gentes de dinero a socorrer a los más necesitados. De ahí el apoyo que tenía entre las clases más humildes. Incluso el escritor hellinero Mariano Tomás López, nacido precisamente en el año que sería el de la muerte del bandido, lo hizo protagonista en su novela Semana de Pasión, aunque allí el teniente carlista aparece con el nombre de Antonio Roche. En ella se cuentan historias como el asalto al Ayuntamiento de Hellín, la ayuda prestada a una mujer de la misma localidad al liberar a su hermano, soldado gubernamental prisionero por su coronel Lozano, y otras en las que seguramente se mezclen muchos hechos reales con otros imaginarios. En esa obra, reeditada en edición facsímil en 1999 por la Asociación de Peñas de Tamborileros de Hellín, se cita también la aventura pasional del carlista con la joven a cuyo hermano libera, aunque en la realidad el carlista estaría ya casado con Ana López con quien tuvo tres hijas y dos hijos. También se le ofrece en la novela la posibilidad de acogerse al indulto y permanecer en el ejército con su graduación militar, pero sus principios e ideas, totalmente entregados a la causa carlista, le obligan a rehusar.El único hecho por el que se imputaba a Roche la comisión de algún crimen fue el que tuvo lugar en la Venta de Minateda el 3 de septiembre de 1889. Parece ser que el bandido estaba dentro de la venta cuando fue cercado por los miembros de la Guardia Civil, que al parecer conocían su estancia en el lugar. En cuanto comenzó a clarear el día Roche mandó soltar el ganado que allí había y él mismo, cubierto con una piel de oveja, se mezcló entonces con los animales para intentar escapar del cerco. Sin embargo fue descubierto por los guardias y se inició un tiroteo por ambas partes en el que murió un miembro de la Benemérita y otros tres resultaron heridos. Precisamente en el semanario de Hellín El Amigo del Pueblo, publicado el 8 de septiembre de ese mismo año, viene reflejado este hecho en el que se cuenta que, aparte del miembro de la Benemérita muerto, un guardia recibió cuatro balazos en una pierna, otro resultó con un tiro en el pecho y un tercero sufrió una contusión en un brazo. En un telegrama, enviado por el Juzgado de Primera Instancia de Hellín a las autoridades de Albacete para comunicar el incidente que causó la muerte del guardia y los tres heridos, se dice también que fue un capitán de la Guardia Civil acompañado de siete parejas de guardias los que trataron de capturar a Roche en Minateda, pero que el bandido huyó entre las mulas y demás ganado que soltó, aunque uno de sus hombres fue capturado. En ese telegrama se informa igualmente de la muerte de una caballería y de otras reses que resultaron heridas por los disparos cruzados entre bandidos y guardias.Del sepelio del guardia civil muerto se cuenta una anécdota curiosa. A él asistieron numerosas personas, entre ellas las autoridades civiles y militares de Hellín. El féretro del fallecido fue llevado a hombros por sus compañeros del cuerpo armado hasta la salida del pueblo, y desde allí hasta el cementerio en un coche de caballos. Acompañaba además al cortejo la banda municipal de música, que tocaba una marcha fúnebre mientras iba tras el cadáver. Pero al regreso del cementerio, una vez inhumado el cuerpo del guardia, la banda se puso a tocar un alegre pasodoble lo que suscitó las críticas y risas de muchas personas e hizo enrojecer de vergüenza a muchas otras.Por la muerte del guardia se detuvo al hijo de Roche, Emilio García López, acusado de colaborar y acompañar a su padre en sus correrías. Después de su detención fue sometido a un consejo de guerra presidido por el coronel del Regimiento de Reserva de Hellín, Salvador García Flores. Se pedía una pena de cadena perpetua por colaborar con su padre, Ramón García Montes, en el atentado cometido contra la Guardia Civil. Pero su defensor, el teniente Rafael García Toboso, demostró que Emilio no tuvo nada que ver en aquel hecho de la Venta de Minateda, por lo que consiguió su libre absolución y su posterior liberación. Tras echarse al monte, una vez finalizada la última guerra carlista, Roche casi siempre anduvo en solitario, aunque hubo una época, que coincidió posiblemente con la acción de Minateda, en que reunió una pequeña cuadrilla. En esa cuadrilla se integraban un tal Riyes y otro llamado Zapaterín, ambos de Montealegre del Castillo, y otro hombre que se llamaba Antón el Hospitalero. Este último hombre, que era natural de Liétor, debió ser mucho más joven que el bandido, pues tras ser detenido por la Guardia Civil y una vez cumplida la condena a la que fue sentenciado, murió de viejo en Liétor sobre el año 1930. Pero el sentido de la justicia que tenía Roche, su cultura, caballerosidad y honorabilidad, de la que tanto hablaban aquellos que lo conocían, le hacía ir casi siempre en solitario antes que unirse a gente de baja ralea. La muerte de Roche.La muerte de Roche, como la de los grandes y épicos bandoleros, al producirse de manera trágica y violenta, facilita la entrada de este personaje en la leyenda. De esta manera como ocurrió y ocurriría después con otros bandidos son varias las versiones que corren sobre su desgraciado final. Según la versión oficial, puesta de manifiesto en el atestado del teniente Manuel Arroyo, jefe de la Línea de Tobarra, se dijo que dicho teniente, al mando de un pelotón de once guardias iba en persecución del criminal Ramón García Montes, alias Roche, a las 11 de la noche del día 15 de julio de 1891, víspera de la festividad de Nuestra Señora del Carmen. El citado oficial distribuyó la fuerza en dos grupos, siendo el grupo mandado por el guardia José Ojeda e integrado por otros tres guardias civiles más quienes descubrieron a Roche desde lo alto del Collado de Pozo Tomillo. Los guardias, según cuenta el oficial de la Benemérita en su informe, pudieron reconocer fácilmente al bandido gracias a la luz de la luna, pues resaltaba claramente su elevada estatura y porte. Además llevaba un garrote en la mano derecha y una escopeta terciada sobre el brazo izquierdo lo que confirmó todavía más las sospechas de los agentes del orden. Según el informe del oficial el bandido marchaba por el camino que desde Híjar se dirige hacia Casa Sola, Casa de la Rambla de Maturras y Villarejo. Pero al darle la voz de alto Roche contestó disparando por lo que los guardias le acribillaron a balazos.En el informe del teniente se hace también una minuciosa descripción de las armas y otros objetos que llevaba. Aparte de una escopeta de dos cañones y un revólver de seis disparos con su correspondiente munición, destaca un nombramiento de coronel del arma de infantería expedido por el Gobierno de la I República, una carta con “besos dedicados a la mujer de mis sueños”, una petaca de tabaco, varios pliegos de papel y sobres en blanco para escribir cartas, un tintero, una pluma, un anteojo de larga distancia, una caja con unas lentes, dos monedas de plata y una de cobre, etc. También se indicaba que iba vestido con una cazadora y un chaleco de lana negra a cuadros dorados y pantalón de lana de color negro listado con tonos dorados. Además llevaba una blusa de hilo color ceniza, una camisa de algodón, una boina y unas zapatillas de tela con suela de cáñamo. Igualmente se describe la ropa interior que guardaba como calzoncillos, calcetines, etc.En una publicación de la época se cuenta que el resultado de la autopsia contempla la muerte del bandido como consecuencia de un disparo en el cuello y otros cinco más en el pecho, estómago, vientre, ingle derecha y pierna derecha. Pero además presentaba tres impactos de posta en la pierna, muslo y costado, una munición no usada por la Guardia Civil. Esto último y su mal estado en el momento de su muerte (se dice que estaba muy enfermo, con los pulmones muy deteriorados y el corazón de tamaño muy reducido) llevó a pensar a las gentes de la comarca en otras versiones que difieren bastante de la versión oficial contada por el teniente en el atestado. Además es bastante extraño que un teniente y once guardias (acostumbrados a patrullar casi siempre en parejas) fueran por un lugar tan solitario, a no ser que se hubiese preparado una trampa al bandolero o se hubiese recibido alguna delación de alguna persona cercana a él. Una de estas versiones sobre su muerte afirma que fue asesinado por el guarda del Castillarejo, quien lo mató en su propia casa con la escopeta de postas cuando estaba allí durmiendo y luego dio aviso a los miembros de la Guardia Civil, que lo llevaron en una burra hasta Pocico Tomillo, donde, ya muerto, se efectuaron el resto de los disparos. Otra versión diferente cuenta que Roche mandó al guarda para que comprara un medicamento y allí fue descubierto por el teniente de la Benemérita, quien le ordenó que al regresar a su casa lo matara o lo detendría a él por ser cómplice suyo. Incluso otras personas piensan que el guarda se gastó el dinero en el juego y por temor al bandido cuando le contase que se había quedado sin él lo mató. Otra más dice que estaba descansando en una covacha que utilizaba habitualmente por escondite cuando fue descubierto por un pastor que lo mató para cobrar la recompensa que se ofrecía por él. El ya citado Juan Antonio Alcantud decía que su abuelo, el guarda de Las Hoyas, afirmaba que Roche fue muerto en la Casa de la Rambla (Rambla de Maturras), donde se había refugiado en numerosas ocasiones, y de allí fue bajado por la Guardia Civil hasta Pocico Tomillo. En fin son muchas las versiones que difieren de la oficial y según el sitio donde vayamos podemos encontrar otras tantas diferentes, aunque la mayoría citan como culpable de su muerte al guarda del Castillarejo. Incluso se cuenta que los hijos de Roche se vengaron de él y, simulando que iban de caza, se dirigieron hasta su casa de Liétor y después de sacarlo de ella lo colgaron en un pino. Aunque sobre esto también hay quien piensa que fue el mismo guarda el que se suicidó por los remordimientos que sentía tras haber dado muerte a su amigo. Otros sin embargo niegan la muerte del guarda y cuentan que sólo fue un hijo a Liétor a vengarse de él, ya acabada la Guerra Civil Española, pero lo encontró tan avanzado en edad y con una salud tan deteriorada que le dio pena y no se atrevió a matarlo. Lo que si es cierto es que esta muerte trágica del bandido impactó de forma profunda entre las gentes de Liétor, del campo de Hellín y de Montealegre del Castillo, pueblo este último donde el nombre de Roche aún se conserva, pues un hijo suyo llegó a ser alcalde y todavía vive una nieta que, aunque domiciliada en Madrid, tiene allí una casa. Todas las gentes de estos pueblos, con una mentalidad siempre imaginativa y ante la necesidad de tener historias que contar a los más jóvenes, le hicieron entrar muy pronto en el mundo mágico y romántico de la leyenda. Al igual que la mayoría de bandidos famosos muertos de forma violenta bajo el plomo cruel de los fusiles de las fuerzas del orden, fue idealizado por el sentir popular como un bandolero que robaba a los ricos y ayudaba a los pobres; como un paladín de los menesterosos en su lucha ancestral e histórica contra las clases poderosas. Aunque la mayoría de los jóvenes de hoy ignoran la existencia de la figura legendaria de Roche, los más ancianos recuerdan aún las historias contadas por sus mayores tiempo atrás y esta copla, que las liras tañidas por las manos invisibles del viento fue extendiendo como un llanto eterno por toda la comarca sur de la provincia albaceteña:"En la Rambla de Maturras, a vista del Villarejo, mataron a Ramón Rochea traición como a un conejo."
La carretera de Liétor, una vez tomado el desvío en Villarejo, llega apenas en 3 km. a un cruce donde viene señalado Híjar con 5 km. de distancia. Aunque la cifra correcta marcada deberían de ser los 7,5 km. que separan esta aldea de Liétor de la carretera principal. Híjar es una pequeña población enclavada en un precioso valle, en el que todavía es posible escuchar las hermosísimas notas del canto del pardo ruiseñor, que anida en los cañaverales besados por el agua del río Mundo. Este río precisamente divide a esta aldea, que apenas cuenta ya con 10 ó 12 habitantes, mayores todos ellos, en dos núcleos. En su margen derecha quedan algunas viejas casas de piedra y tapial, construidas alrededor de un gran olmo plantado en la plaza, casas que rezuman tristeza, angustia y soledad. Por encima quedan los restos de lo que fue un importante torreón sarraceno, aunque hoy sólo son unas pocas ruinas y un lamento de un glorioso tiempo pasado que ha caído ya en el olvido. Más abajo, un amplio valle da cobijo a un gran número de huertos, muchos de ellos ya abandonados y cubiertos de estériles y sangrientas amapolas, entre las que vemos a un mulo revolcándose en la tierra y levantando grandes cantidades de polvo. Estos huertos son regados por las aguas del Mundo y las de un abundante manantial, donde se encuentra el lavadero, que brota a los mismos pies del peñón que cobija al viejo castillo morisco. Al otro lado del río quedan las escuelas, ya en desuso, construidas a mediados de siglo, y otras construcciones más recientes que contrastan de forma notable con las de su orilla contraria. También destaca en este hermoso valle, como una profunda herida del todo incurable, un gran tajo abierto entre los pinos de la umbría, que guarda en sus entrañas las enormes tuberías de un recién instalado gasoducto.La estrecha y zigzagueante carretera que desciende suavemente hacia Híjar va acompañada por la Rambla del Castillarejo, también llamada Rambla de Roche, y, apenas un kilómetro después, llega a Pocico Tomillo. El lugar es fácil de distinguir, pues un gran pino piñonero deja reflejada en el suelo una gran sombra que oscurece al viejo tornajo de madera y al más reciente pilón de cemento, utilizados ambos como abrevaderos para el ganado con el agua que antiguamente se sacaba de un pequeño pozo. Pero el pozo ya se cegó hace tiempo con piedras y tierra y sólo se muestra como un profundo quejido de dolor y una poética elegía del campo ajado y abandonado. Por encima queda la solana del monte Castillarejo totalmente cubierta de pinos carrascos que acompañan a unos cercanos almendros, cuyos frutillos se presentan como pequeños botones verdes que sobresalen entre las brillantes hojas de los árboles. Por los alrededores se ven numerosas retamas de afiladas hojas, algunos enebros, espliego, romero y tomillo, que además dejan notar su aromático aliento por toda la zona, y algunas matas de esparto, pequeños resquicios de lo que fue una importante explotación hace ya bastantes años. Unas pequeñas florecillas vestidas de gualda dejan su bello matiz por encima de los floreados tomillares y parecen relucientes puntitos dorados, que han sido bordados sobre el pardo tapiz de la tierra. Junto al pequeño y mustio pocillo pasaba antiguamente un macilento camino de herradura que, desde Híjar y las casas del Castillarejo, enlazaba con un carril carretero que iba desde Villarejo y la Rambla de Maturras hacia Liétor. Precisamente por este camino fue trasladado el cadáver del bandido Roche dentro de un carro para ser llevado hasta esta última localidad, tras ser muerto por la Guardia Civil en Pocico Tomillo el 15 de julio de 1891. Allí en Liétor el juez municipal, don Lorenzo García, redactó el acta de su defunción, firmada después por el secretario y varios testigos, antes de darle sepultura en el cementerio de esa villa. El Castillarejo, a mitad de camino entre Híjar y Pocico Tomillo, está situado bajo un diminuto peñasco que dio cobijo durante el Neolítico, o posiblemente ya en la Edad del Bronce, a una pequeña población humana. Está formado por dos grupos de casonas rústicas de piedra y barro separados por la carretera, casi todas ya en estado ruinoso, con algunos muros resquebrajados y agrietados y varias traviesas de madera del techo caídas al suelo. Estas ruinas y el remanso de silencio, sólo roto por el suave susurro del viento y por los alegres trinos de algún pajarillo, le dan a este antiguo habitáculo el aspecto de una auténtica población fantasma. Sin embargo alguna vivienda se ha rehabilitado para ser utilizada como casa de labor o lugar de descanso, lo que le hace perder en parte el extraño y cautivante encanto que posee. En la misma rambla, más abajo, se encuentra la fuente donde antaño llenaban sus cántaros de agua los habitantes de esta aldea, que tuvieron que partir un día ya lejano a extrañas tierras, una vez que fueron quebradas todas sus ilusiones y perdieron sus esperanzas de poder permanecer allí. Así partieron hacia Liétor, Albacete o a otras capitales cercanas, que aumentaron su población a costa de dejar yermos los pequeños pueblos y aldeas. Más arriba, a unos 300 metros, queda la Casa del Guarda, una vivienda en buen estado que se acompaña por otra cuyos muros aparecen completamente desmoronados, doblegados ya y vencidos por la carrera de la edad.Pero si nos encontramos en esta hechizante aldea fantasma de vetustos muros empedrados, y cerramos los ojos durante unos instantes y escuchamos el silencio reinante, confabulado en algunos instantes con el vuelo chillón de alguna golondrina, podemos viajar con la imaginación, a través del mundo fantástico de los sueños, a ese tiempo pretérito en que la pequeña población era un manantial de vida. Podremos viajar, sumidos en un profundo onirismo, a un tiempo pasado en que la aldea bullía de gente que trabajaba en el campo y de él vivía, pues el campo siempre tenía algo que ofrecer a quien sabía buscarlo. Y resonaba el metálico tintineo de las esquilas del ganado, cuando los pastores marchaban con sus pequeños hatajos de ovejas y cabras a pastar en los ricos pastos de los lugares más recónditos del monte. Y hacían leguas y leguas recorriendo las trochas y veredas del monte, con el avío preparado para aguantar una dura jornada, hasta que el sol casi empezaba a ocultarse por el horizonte. Otros salían con el primer albor del día a trabajar la dura tierra con sus yuntas de mulas y a recoger esparto y los frutos de las oliveras y los almendros que luego traían sobre los peludos y enalbardados borriquillos; o leños y piñas que se apilaban junto a los hornos de pan o en la parte trasera de las viviendas. Mientras, los críos corrían tras las gallinas y tras sus emplumonados hijuelos, entre grandes algarabías y griteríos y el cacareo monótono de los animales, al tiempo de ver como sus madres preparaban la pitanza de los cerdos y la de sus esposos, o cocían el pan una vez por semana. En cuanto el día se apagaba y la luna tintaba de plata las tejas de los tejados, las chimeneas se encendían y comenzaban a mostrar sus blancos penachos de humo. Los hombres y mujeres se agolpaban en torno a la roja y chisporroteante lumbre hogareña en las largas noches del álgido invierno de la sierra. Allí, junto a la encendida fogata, cuyo reflejo teñía los atentos y cándidos rostros de rojo y dejaba entrever las pupilas dilatadas de los ojos, bailaban y cantaban seguidillas, pardicas, jotas corridas, fandangos, malagueñas y numerosos villancicos cuando llegaba la Navidad. Otras veces los más ancianos contaban viejas historias que habían sido rescatadas del olvido y se hallaban guardadas en el profundo arcón sin fondo de la memoria, o en cada piedra, pared o rincón de la aldea; o inventadas a veces por ellos mismos, que el campo es lugar espacioso donde la imaginación puede correr sin barreras, más aún en tiempos en que no existía la televisión ni apenas podían disponer del gustoso placer de los libros. Allí, junto al fuego, tomando a veces reunión todos los vecinos en una misma casa, mientras el viento sinfónico del monte dejaba escuchar su canto al rozar los tejados, produciendo a veces sonidos que parecían lúgubres quejidos, escuchaban atentamente las palabras que escapaban de los labios del sabio orador, que, con felicísimo ingenio, sabía cautivar a sus oyentes. Y contaban historias bucólicas que hacían lanzar sonrisas de oreja a oreja, aunque otras eran tan reales y trágicas que dejaban a todos los presentes completamente ofuscados y amedrentados. De esta guisa marchaban luego a sus casas y así permanecían hasta que el plácido sueño los vencía en sus blandas camas de colchones de panojas. Historias de tesoros escondidos que fueron lágrimas caídas de moros ante la pérdida de sus antiguos dominios, de encantadas que aparecían vestidas de blanco en lugares con agua o de almas en pena que vagaban continuamente de un lugar para otro y se aparecían en las noches oscuras a caminantes solitarios. Otros hablaban del célebre coronel Villalobos, convertido en guerrillero ante la invasión napoleónica, que casó en Huéscar a sus 36 años con una joven que apenas tenía 15 y era descendiente de la familia letuaria de los Belmonte. Otros más hablaban de desertados y bandidos que andaban solitarios, desvalijando a todos aquellos que se encontraban por los caminos, y buscaban refugio y comida lejos de los lugares donde pudiesen ser descubiertos por las fuerzas del orden. O de algunos otros que andaban en cuadrilla, como Jaime Alfonso el Barbudo, un bandolero de Crevillente que, después de ser indultado, fue condenado en circunstancias extrañas a morir en la horca. Su cuerpo además, fue dividido en cinco partes que fueron fritas en aceite para evitar su descomposición. Su cabeza fue expuesta en una plaza de Crevillente dentro de una jaula de hierro para escarmiento público y una de sus manos se colocó en el puerto de la Mala Mujer, cerca de Hellín. Incluso se cuenta que un hijo suyo, en compañía de su tío José Juan, se echó al monte para vengar la muerte de su padre, ocurrida en 1824, y llegó a ser perseguido por tierras de Liétor. Aunque sin duda alguna la historia que anduvo durante más tiempo de boca en boca, de chimenea en chimenea y de cortijo en cortijo, y que todavía permanece como recuerdo imborrable en la memoria de los más viejos, es la historia y muerte del carlista Roche. Un hombre que muchos años después de echarse al monte murió, según la versión de la Guardia Civil, en un enfrentamiento con los miembros de este benemérito cuerpo; como diría antiguamente el pueblo, que ensalzaba a los bandoleros románticos, murió como los valientes, vestido, calzado y sin sacramentos. Aunque la versión popular difiere de la oficial y cuenta que fue muerto en la cama enfermo y traicionado por un amigo suyo. Pero para entender la muerte e historia de este bandido sería conveniente remontarse a los orígenes del problema carlista en nuestro país, un problema que surgió a finales del primer tercio del siglo XIX.El origen del carlismo.Tras la muerte de Fernando VII, ocurrida el 29 de septiembre de 1833, fue proclamada reina de España su hija Isabel que por entonces contaba con tres años de edad, aunque esta minoría de edad obligaría a coger las riendas de la regencia y a nombrar gobierno a su madre María Cristina. Pero a su vez, Carlos María Isidro, hermano del monarca fallecido, se autoproclamaba también rey de España por lo que comenzaba un periodo de guerras civiles en nuestro país que no acabaría hasta ya entrado el último cuarto del siglo.Pero el verdadero origen del conflicto habría que buscarlo en el siglo anterior cuando el primer rey Borbón, Felipe V, firmó un Auto instaurando la Ley Sálica, de uso común en la corona francesa desde el siglo XIV, que vedaba la llegada al trono español a las mujeres siempre que hubiese un heredero varón en línea directa o colateral. Según esta ley, a la muerte de don Fernando, que después de tres matrimonios no había tenido descendencia, le iba a suceder en la corona su hermano Carlos. Pero el todavía rey de España decidió abolir esta ley después de su cuarta boda con su sobrina María Cristina, por lo que si tenía una hija de este matrimonio sería ella la heredera de la corona. En realidad había sido su padre Carlos IV quien obligó a las Cortes a la abolición de la Ley Sálica para retornar al antiguo orden sucesorio de las Partidas de Alfonso X, pero la llegada de la Revolución Francesa decidió al rey a disolver las Cortes por lo que la nueva ley sucesoria no fue refrendada por el monarca. Sin embargo el 3 de abril de 1830 aparecía publicada en la Gaceta de Madrid la Pragmática Sanción y aunque la derogó y restauró sucesivamente, según la influencia que recibió de los distintos hombres de su camarilla, estaba en vigor en el momento de su muerte. Por lo tanto con esta ley se cerraban las puertas del trono al infante Carlos y se permitía con el tiempo la coronación de su sobrina Isabel, que nacería seis meses después de su publicación.Fueron tres los intentos bélicos que llevaron a cabo el pretendiente al trono Carlos y sus sucesores para intentar conseguir la corona de España. Se iniciaron el 1 de octubre de 1833, cuando don Carlos lanzó el Manifiesto de Abrantes por el que se proclamaba rey con el título de Carlos V, y terminaron cuando los carlistas fueron derrotados por las tropas de Alfonso XII y el entonces pretendiente Carlos VII tuvo que partir al exilio. La insurrección carlista triunfó por casi todo el norte peninsular extendiéndose por el País Vasco, Navarra, La Rioja, Cataluña y algunas zonas de Aragón y Valencia, sobre todo entre el campesinado y amplios sectores de la baja nobleza y el clero más reaccionario. Los partidarios del carlismo no sólo perseguían los derechos dinásticos del aspirante Carlos y la legitimidad de la Ley Sálica, rechazando por completo la Pragmática Sanción. Reivindicaban también el establecimiento de un modelo socioeconómico y político totalmente contrarrevolucionario, que permitiese restaurar los fueros perdidos en el siglo anterior, y la instauración de una monarquía católica autoritaria contrapuesta al liberalismo centralizador instaurado por la monarquía reinante. Un modelo de sociedad y una legitimidad histórica que los carlistas resumían en el lema “Dios, Patria y Rey”.Las tropas carlistas contaron desde un principio con escasos apoyos internacionales y una gran desventaja material y de medios humanos frente a los ejércitos cristinos. Esta penuria armamentista y económica obligó al empleo de la guerra de guerrillas, a realizar incautaciones al enemigo y a exigir contribuciones forzosas entre la población civil para así aumentar sus vacías arcas. También contó el carlismo en numerosas ocasiones con la complicidad de la población civil, aun fuera de las zonas de influencia citadas anteriormente. Generalmente se encargó el mando de las tropas a gentes que conociesen el medio físico por donde actuaban las partidas. Aunque exceptuando a algunos oficiales del ejército (en algunos casos altos mandos que habían sido depuestos de sus cargos) estas gentes solían ser totalmente inexpertas en el mando de unidades militares, sin ningún tipo de conocimientos académicos. Igualmente se incorporaron a las filas carlistas numerosos elementos progresistas y republicanos y muchas otras personas agraviadas que no poseían ningún tipo de propiedad, o habían sido desposeídas por la desamortización de las tierras que habían trabajado tradicionalmente. Todos estos hombres vieron en el ejército carlista la posibilidad de conseguir un jornal por sus servicios, en vez de morir de hambre por un salario de miseria. En estos primeros años de carlismo fue clave la figura del coronel Tomás de Zumalacárregui, que organizó un ejército capaz de derrotar a las tropas cristisnas en numerosas ocasiones, como así ocurrió en las batallas de Tolosa, Vergara, Eíbar o Durango. Pero su muerte en Bilbao el 23 de julio de 1835 supuso también el inicio del descalabro carlista que prácticamente acabó con el abrazo de Vergara entre los generales Maroto y Espartero. El carlismo en Albacete.El carlismo tuvo un apoyo muy pequeño en la provincia de Albacete aunque sus tropas hicieron numerosas incursiones en ella para conseguir víveres, caballerías y dinero con los que poder seguir la guerra. Las incursiones carlistas llegaban desde Valencia y Cuenca concentrándose casi siempre sobre la capital, que fue saqueada en tres ocasiones en apenas seis meses. En estas incursiones se recaudaron importantes cantidades de dinero y se ocasionaron también numerosos gastos de manutención y destrozos por otra importante cantidad. Hubo enfrentamientos e invasiones carlistas también en Villarrobledo, Barrax, Tarazona de la Mancha, La Roda, Almansa, Alpera, etc. Junto al ejército carlista existían bandas, con pocas conexiones entre sí, que actuaban por las provincias de Cuenca y Ciudad Real, aunque penetraron en numerosas ocasiones en nuestra provincia. Entre esas partidas las más conocidas eran las de La Mancha, El Pablillos y Archidona.Roa y Erostarbe cuenta en su Crónica de la Provincia de Albacete que el 11 de febrero de 1838, dos años antes de finalizar la Primera Guerra Carlista, una expedición carlista mandada por el general Basilio Antonio García llegaba a Nerpio tras realizar una penosísima marcha por la sierra. Al día siguiente los miembros de esa expedición salieron del pueblo y, ya de noche, llegaron hasta el río Segura por el llamado Barranco del Loro, aunque no lo pudieron cruzar debido al fuerte caudal del río. Incluso algunos hombres y caballos perecieron ahogados al intentar cruzarlo. Sin embargo gracias a algunos vecinos de Yeste, que salieron con sus teas y hachones encendidos, los carlistas consiguieron vadear finalmente el curso del agua y se dirigieron a esta población para reponerse de la fatiga durante un par de días. Ya repuestas del cansancio las tropas carlistas regresaron de nuevo a Nerpio, donde descubrieron algunas ropas ensangrentadas de algunos compañeros rezagados durante su anterior salida del pueblo que habían sido muertos por sus habitantes. Como venganza se dedicaron a cometer todo tipo de tropelías con la gente y antes de partir de nuevo incendiaron la población. La Segunda Guerra Carlista o Guerra del Matiners, que estalló en 1846 tras el fracaso de las tentativas de unión matrimonial entre Isabel II y el pretendiente carlista Carlos VI y acabó tres años más tarde con su abortada llegada a España, sólo se desarrolló en la geografía catalana. Pero la Tercera Guerra Carlista, iniciada en 1872, trajo de nuevo la inseguridad a nuestra provincia, aunque esta guerra tuvo sus principales batallas sobre todo en el País Vasco y Cataluña. En 1873 la partida del cabecilla Cucala actuaba por Alatoz y la de Joaquín Tercero quemaba el Registro Civil de Nerpio. A comienzos de 1874 la cuadrilla de Santés entraba en Albacete, que tenía que rendirse al cabecilla, al que se le tuvieron que entregar además 40 caballos, 1.200 fusiles y 14.000 cartuchos. Posteriormente avanzó hacia Almansa, ciudad que también consiguió tomar por la fuerza de las armas. En septiembre de ese mismo año el coronel carlista Miguel Lozano, nacido en la población murciana de Jumilla, recorrió Bonete, Hellín, Socovos, Férez y Nerpio recaudando contribuciones de guerra para su causa. Posteriormente, en ese mismo mes de septiembre, llegó a Bogarra donde fue capturado por el brigadista gubernamental Dabau, que le llevó prisionero hasta Albacete donde se le formó un consejo de guerra que le sentenció a morir fusilado el día 3 de diciembre (Manuel Requena Gallego en Historia de la Provincia de Albacete).De todas formas las noticias sobre el apresamiento y muerte de Lozano son contradictorias y algunos autores afirman que logró escapar del cerco realista de Bogarra. En el Archivo Histórico Provincial de Albacete existe un informe, enviado por el Juzgado de Primera Instancia de Caravaca al Presidente de la Audiencia de Albacete, en el que se da la noticia del asalto de Lozano a la localidad de Moratalla el día 4 de octubre de 1874 a las 8,30 de la tarde, por lo que era imposible que hubiese sido capturado en Bogarra el mes anterior. Se informaba en ese escrito que, al mando de 1.500 hombres, había entrado en el Registro Civil donde se apoderó de todos los libros que fueron quemados posteriormente. En el Ayuntamiento retuvo al alcalde, concejales y mayores contribuyentes del pueblo a quienes obligó a que le entregasen una cantidad de dinero cifrada en 41.800 reales, 1.500 raciones de comida y 60 fanegas de cebada. Además se llevó 25 fusiles y numerosos cartuchos que se encontraban en el depósito del citado edificio consistorial. También Roa y Erostarbe afirma que Lozano consiguió escapar en Bogarra del cerco que le tendieron las tropas liberales, aunque este autor traslada este encuentro bélico al día 16 de octubre de 1874. Según Roa, Lozano salió precipitadamente a media noche y apenas vestido por una estrecha abertura que había entre dos edificios de la población. Cuenta que tuvo que dejar sin embargo antes de retirarse a muchos de sus hombres dentro del pueblo, que fueron hechos prisioneros, casi toda la caballería y unos 13.000 duros en metálico. El jefe carlista se dirigió con los 150 hombres que le quedaban hacia Villanueva de la Fuente, después de pasar por Riópar y Villaverde de Guadalimar. Ramón García Montes, más conocido como Ramón Roche, fue un oficial carlista que a finales de marzo de 1873 y al mando de 120 hombres recorrió los municipios de Ontur, Albatana y Hellín, localidad esta última donde parece ser que tuvo algún apoyo por parte de la población. Unos días más tarde causó destrozos y confiscó dinero, víveres y caballerías en Alatoz, Carcelén, Hoya Gonzalo, Villa de Ves, la Estación de Chinchilla y Pozohondo. Había nacido en Montealegre del Castillo en 1833, por lo que conocía toda la zona a la perfección y siempre sabía por donde se movía lo que imposibilitaba su captura por las tropas del gobierno. Para contrarrestar el apoyo de la población a Roche y a los demás carlistas, el gobernador republicano Ramón Moreno llegó a solicitar a los sacerdotes que desde el púlpito instasen a sus feligreses a que no les ofreciesen apoyo. Al tiempo mandó detener a trece personas en la capital por colaboracionistas y a un juez en Hellín.Tanta incursión carlista por los pueblos de nuestra provincia y en la misma capital llevó a muchos ayuntamientos a tomar medidas para evitar que las tropas enemigas llegasen a sus localidades, sobre todo cuando una partida se encontraba en alguna población cercana. Así por ejemplo, en Liétor se reunió el Ayuntamiento en asamblea permanente ante la llegada del cabecilla Rico a Peñarrubia y Elche de la Sierra al frente de casi 500 hombres, a finales de octubre de 1873. Los miembros del consistorio, con su alcalde Andrés Gil a la cabeza, decidieron tomar una serie de medidas de urgencia con el fin de evitar una invasión de su villa ante la llegada inminente de las tropas carlistas. Entre esas medidas se decidió cortar el puente sobre el río Mundo, situado en el camino que conduce a Elche de la Sierra. También se enviaron exploradores por ese camino para avisar de la llegada de los carlistas, se ordenó que se reuniesen y tomasen las armas todos los voluntarios de la República y la colocación de luces artificiales en todos los balcones o ventanas que dan vista a la vía pública por la noche.De igual forma el Ayuntamiento de Liétor decidió la publicación de un bando para que todos aquellos ancianos, niños y mujeres que quisieran salir del pueblo por su propia voluntad pudiesen hacerlo inmediatamente. Se comunicaba a la población que al toque de corneta o de campanas todos los varones mayores de 20 años y menores de 60 debían presentarse en la plaza para defender la población. Se decía además que aquellos que no acudiesen al tocar a rebato sin una causa justificada serían castigados con una multa de 25 pesetas, sin perjuicio de que se abriese también un sumario contra ellos para determinar las causas de no acudir a una llamada tan esencial y patriótica como era la defensa del pueblo y sus hogares. Sin embargo la invasión de las tropas carlistas, denominadas desde el Ayuntamiento letuario como turbas de ambiciosos e indisciplinados merodeadores que sin bandera alguna robaban, saqueaban, devastaban e incendiaban evocando a la sagrada religión, no llegó a producirse sobre esta localidad. Impidió esa invasión, sobre todo, la llegada de una columna republicana al pueblo mandada por el coronel Moltó procedente de Hellín, lo que aconsejó a los carlistas a tomar otros derroteros.Acabada la I República española, tras el golpe militar del general Pavía en enero de 1874, en diciembre de ese mismo año se restauraba en el trono a la casa de Borbón. El nuevo rey, Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II, tuvo como principal objetivo en su nuevo reinado poner fin a la guerra carlista. El mismo rey se puso al frente de las operaciones militares infligiendo severas derrotas al autodenominado “Ejercito de Dios, del Trono de la Propiedad y de la Familia”. Estas derrotas forzaron al pretendiente carlista, Carlos VII, a cruzar la frontera francesa por Valcarlos (Navarra) el 28 de febrero de 1876 rumbo al exilio. Ese mismo camino del exilio tuvo que ser tomado por numerosos oficiales y altos jefes carlistas, aunque la mayoría de los combatientes decidieron acogerse al indulto que muy pronto concedió el nuevo rey. Sin embargo otros carlistas como Ramón Roche, tal vez marcados fuertemente por una ideología y unos principios que creían justos, no decidieron aceptar la rendición ni tomar ninguno de los dos caminos anteriores, por lo que se echaron al monte y comenzaron a vivir en la vida clandestina y bandolera.Roche, un señor bandido.Pero Roche no fue un vulgar ladronzuelo que se dedicó a asaltar a pobres caminantes, como hicieron otros muchos bandoleros. Roche era un señor bandido, un hombre distinguido, con educación y con principios, y como tal era tenido por los habitantes de las zonas por donde actuaba, quienes todavía lo recordaban con afecto muchos años después de su muerte. Además algunas de sus acciones durante la guerra habían sido verdaderamente espectaculares, como la que realizó en el Ayuntamiento de Hellín en 1873. Se cuenta que haciendo creer a las autoridades que un enorme ejército carlista mandado por Lozano rodeaba la ciudad, entró dentro del pueblo acompañado únicamente de diez hombres que estaban a sus órdenes. En el consistorio exigió la entrega de todos los fondos que allí había, y además mandó bajar a la plaza toda la documentación existente en el Registro Municipal con la que hizo una gran hoguera, para así poder destruir títulos de propiedad, deudas no pagadas, etc. A continuación marchó completamente tranquilo hacia las afueras del pueblo perdiéndose a la vista de los asombrados hellineros. Otros autores cuentan que ese mismo año, en julio, robó también los fondos municipales del Ayuntamiento de Calasparra, por lo que se mandó a una partida de guardias en su persecución, aunque no se le consiguió capturar.Desde el fin de la guerra Roche estuvo continuamente en boca de la gente, que hablaba de él en tertulias de café de pueblos importantes como Hellín, Tobarra, o incluso en la misma capital albaceteña. También en las tabernas o en las ventas de los caminos reales era el tema principal de conversación de aquellos años finales del siglo XIX. Al igual que ocurría en los mismos cortijos y aldeas de la comarca de Hellín, donde, una vez entrados en bureo toda la familia o varios vecinos, al calor de la lumbre de la chimenea y entre trago y trago de vino, contaban historias del bandido, a veces ciertas, pero que otras veces superaban en muchos puntos a la misma realidad. Además Roche era muy admirado por las gentes humildes por el solo hecho de enfrentarse a las fuerzas del orden y al poder establecido, y veían en él a un hombre que se había echado al monte por defender unos ideales que creía justos. Por todo ello, en los caseríos aislados y aldeas a los que llegaba, se le daba cobijo y alimento sin necesidad de que tuviera que tomarlos a la fuerza.Se cuenta que incluso hubo bandidos que tomaron su nombre para cometer algún robo, como así dicen que ocurrió en cierta ocasión mientras Roche estaba en la casa de un tal Isidoro Molina. Hasta allí llegó un bandido, al que denominaban el Zapaterín de la Reja, que se puso a llamar a la puerta diciendo ser el Roche. Pero el verdadero Roche salió y agarró al bandolero apócrifo por el pecho y tras darle dos bofetadas le dijo quien era y que no lo volviese a ver más por allí mientras él estuviese por la comarca. Incluso se decía que se constituyó en defensor de los humildes contra estos bandidos de poca monta que merodeaban por el lugar, como así hizo también luchando con un sanguinario bandolero llamado Peliciego. Sin embargo a las gentes acaudaladas y poderosas les obligaba a darles parte de su fortuna, más aún si estos habían sido partidarios durante la guerra de las tropas gubernamentales.Intentando ensalzar al bandido por encima de la Guardia Civil se contaban anécdotas sobre el temor que los guardias le tenían. Se dice que en una ocasión dos guardias entraron en una casa donde estaba Roche y comentaron que cuando lo encontrasen le iban a dar una verdadera lección antes de acabar con él. Este que los escuchó salió al instante y dijo que estaba ante ellos por lo que si eran tan valientes cumpliesen lo que habían prometido. Pero los guardias se quedaron completamente atemorizados y no fueron capaces de mover una sola pestaña. Otros relatos cuentan de verdaderas partidas de guardias civiles huyendo acobardados ante su presencia, pero supongo que esto forma más parte de la leyenda que de la realidad.Las personas mayores recuerdan haber oído a sus abuelos contar muchas historietas sobre Roche, historietas que posiblemente muchas veces fueran pura ficción. Decían que no sólo era respetado por las gentes del campo sino que además hacía todo lo posible por socorrer a esas gentes. En cierta ocasión ayudó a dos jóvenes que estaban cortando leña y además les dio de comer de lo que él llevaba. Otra vez se cruzó con un campesino que iba montado sobre un burro que era tan viejo que parecía un auténtico esqueleto. Roche al ver al animal lo mató y entregó dinero a su dueño para que comprara otro más joven. Incluso se dice también que dio unas monedas a otro hombre que estaba por Las Hermanas y llevaba esparto a la espalda para sacar algún dinero. Otros contaban lo alto que era y la enorme fuerza que tenía el carlista y que nadie era capaz de vencerlo en un pulso. Además se decía de él que poseía una puntería envidiable.Juan Antonio Alcantud, un hombre de edad avanzada, contaba en 1994, que su abuelo, que había sido guarda de Las Hoyas durante más de 30 años, fue muy amigo de Roche. La amistad tuvo su origen en cierta ocasión en que el bandido encontró al guarda en un camino y le pidió de comer, cosa a la que éste no rehusó. El guarda contaba años más tarde a su nieto que Roche siempre llevaba en el bolsillo una bola de veneno par suicidarse si algún día se veía acorralado por la Guardia Civil. También hablaba este hombre de la bondad y generosidad del bandido con los pobres, pues obligaba a las gentes de dinero a socorrer a los más necesitados. De ahí el apoyo que tenía entre las clases más humildes. Incluso el escritor hellinero Mariano Tomás López, nacido precisamente en el año que sería el de la muerte del bandido, lo hizo protagonista en su novela Semana de Pasión, aunque allí el teniente carlista aparece con el nombre de Antonio Roche. En ella se cuentan historias como el asalto al Ayuntamiento de Hellín, la ayuda prestada a una mujer de la misma localidad al liberar a su hermano, soldado gubernamental prisionero por su coronel Lozano, y otras en las que seguramente se mezclen muchos hechos reales con otros imaginarios. En esa obra, reeditada en edición facsímil en 1999 por la Asociación de Peñas de Tamborileros de Hellín, se cita también la aventura pasional del carlista con la joven a cuyo hermano libera, aunque en la realidad el carlista estaría ya casado con Ana López con quien tuvo tres hijas y dos hijos. También se le ofrece en la novela la posibilidad de acogerse al indulto y permanecer en el ejército con su graduación militar, pero sus principios e ideas, totalmente entregados a la causa carlista, le obligan a rehusar.El único hecho por el que se imputaba a Roche la comisión de algún crimen fue el que tuvo lugar en la Venta de Minateda el 3 de septiembre de 1889. Parece ser que el bandido estaba dentro de la venta cuando fue cercado por los miembros de la Guardia Civil, que al parecer conocían su estancia en el lugar. En cuanto comenzó a clarear el día Roche mandó soltar el ganado que allí había y él mismo, cubierto con una piel de oveja, se mezcló entonces con los animales para intentar escapar del cerco. Sin embargo fue descubierto por los guardias y se inició un tiroteo por ambas partes en el que murió un miembro de la Benemérita y otros tres resultaron heridos. Precisamente en el semanario de Hellín El Amigo del Pueblo, publicado el 8 de septiembre de ese mismo año, viene reflejado este hecho en el que se cuenta que, aparte del miembro de la Benemérita muerto, un guardia recibió cuatro balazos en una pierna, otro resultó con un tiro en el pecho y un tercero sufrió una contusión en un brazo. En un telegrama, enviado por el Juzgado de Primera Instancia de Hellín a las autoridades de Albacete para comunicar el incidente que causó la muerte del guardia y los tres heridos, se dice también que fue un capitán de la Guardia Civil acompañado de siete parejas de guardias los que trataron de capturar a Roche en Minateda, pero que el bandido huyó entre las mulas y demás ganado que soltó, aunque uno de sus hombres fue capturado. En ese telegrama se informa igualmente de la muerte de una caballería y de otras reses que resultaron heridas por los disparos cruzados entre bandidos y guardias.Del sepelio del guardia civil muerto se cuenta una anécdota curiosa. A él asistieron numerosas personas, entre ellas las autoridades civiles y militares de Hellín. El féretro del fallecido fue llevado a hombros por sus compañeros del cuerpo armado hasta la salida del pueblo, y desde allí hasta el cementerio en un coche de caballos. Acompañaba además al cortejo la banda municipal de música, que tocaba una marcha fúnebre mientras iba tras el cadáver. Pero al regreso del cementerio, una vez inhumado el cuerpo del guardia, la banda se puso a tocar un alegre pasodoble lo que suscitó las críticas y risas de muchas personas e hizo enrojecer de vergüenza a muchas otras.Por la muerte del guardia se detuvo al hijo de Roche, Emilio García López, acusado de colaborar y acompañar a su padre en sus correrías. Después de su detención fue sometido a un consejo de guerra presidido por el coronel del Regimiento de Reserva de Hellín, Salvador García Flores. Se pedía una pena de cadena perpetua por colaborar con su padre, Ramón García Montes, en el atentado cometido contra la Guardia Civil. Pero su defensor, el teniente Rafael García Toboso, demostró que Emilio no tuvo nada que ver en aquel hecho de la Venta de Minateda, por lo que consiguió su libre absolución y su posterior liberación. Tras echarse al monte, una vez finalizada la última guerra carlista, Roche casi siempre anduvo en solitario, aunque hubo una época, que coincidió posiblemente con la acción de Minateda, en que reunió una pequeña cuadrilla. En esa cuadrilla se integraban un tal Riyes y otro llamado Zapaterín, ambos de Montealegre del Castillo, y otro hombre que se llamaba Antón el Hospitalero. Este último hombre, que era natural de Liétor, debió ser mucho más joven que el bandido, pues tras ser detenido por la Guardia Civil y una vez cumplida la condena a la que fue sentenciado, murió de viejo en Liétor sobre el año 1930. Pero el sentido de la justicia que tenía Roche, su cultura, caballerosidad y honorabilidad, de la que tanto hablaban aquellos que lo conocían, le hacía ir casi siempre en solitario antes que unirse a gente de baja ralea. La muerte de Roche.La muerte de Roche, como la de los grandes y épicos bandoleros, al producirse de manera trágica y violenta, facilita la entrada de este personaje en la leyenda. De esta manera como ocurrió y ocurriría después con otros bandidos son varias las versiones que corren sobre su desgraciado final. Según la versión oficial, puesta de manifiesto en el atestado del teniente Manuel Arroyo, jefe de la Línea de Tobarra, se dijo que dicho teniente, al mando de un pelotón de once guardias iba en persecución del criminal Ramón García Montes, alias Roche, a las 11 de la noche del día 15 de julio de 1891, víspera de la festividad de Nuestra Señora del Carmen. El citado oficial distribuyó la fuerza en dos grupos, siendo el grupo mandado por el guardia José Ojeda e integrado por otros tres guardias civiles más quienes descubrieron a Roche desde lo alto del Collado de Pozo Tomillo. Los guardias, según cuenta el oficial de la Benemérita en su informe, pudieron reconocer fácilmente al bandido gracias a la luz de la luna, pues resaltaba claramente su elevada estatura y porte. Además llevaba un garrote en la mano derecha y una escopeta terciada sobre el brazo izquierdo lo que confirmó todavía más las sospechas de los agentes del orden. Según el informe del oficial el bandido marchaba por el camino que desde Híjar se dirige hacia Casa Sola, Casa de la Rambla de Maturras y Villarejo. Pero al darle la voz de alto Roche contestó disparando por lo que los guardias le acribillaron a balazos.En el informe del teniente se hace también una minuciosa descripción de las armas y otros objetos que llevaba. Aparte de una escopeta de dos cañones y un revólver de seis disparos con su correspondiente munición, destaca un nombramiento de coronel del arma de infantería expedido por el Gobierno de la I República, una carta con “besos dedicados a la mujer de mis sueños”, una petaca de tabaco, varios pliegos de papel y sobres en blanco para escribir cartas, un tintero, una pluma, un anteojo de larga distancia, una caja con unas lentes, dos monedas de plata y una de cobre, etc. También se indicaba que iba vestido con una cazadora y un chaleco de lana negra a cuadros dorados y pantalón de lana de color negro listado con tonos dorados. Además llevaba una blusa de hilo color ceniza, una camisa de algodón, una boina y unas zapatillas de tela con suela de cáñamo. Igualmente se describe la ropa interior que guardaba como calzoncillos, calcetines, etc.En una publicación de la época se cuenta que el resultado de la autopsia contempla la muerte del bandido como consecuencia de un disparo en el cuello y otros cinco más en el pecho, estómago, vientre, ingle derecha y pierna derecha. Pero además presentaba tres impactos de posta en la pierna, muslo y costado, una munición no usada por la Guardia Civil. Esto último y su mal estado en el momento de su muerte (se dice que estaba muy enfermo, con los pulmones muy deteriorados y el corazón de tamaño muy reducido) llevó a pensar a las gentes de la comarca en otras versiones que difieren bastante de la versión oficial contada por el teniente en el atestado. Además es bastante extraño que un teniente y once guardias (acostumbrados a patrullar casi siempre en parejas) fueran por un lugar tan solitario, a no ser que se hubiese preparado una trampa al bandolero o se hubiese recibido alguna delación de alguna persona cercana a él. Una de estas versiones sobre su muerte afirma que fue asesinado por el guarda del Castillarejo, quien lo mató en su propia casa con la escopeta de postas cuando estaba allí durmiendo y luego dio aviso a los miembros de la Guardia Civil, que lo llevaron en una burra hasta Pocico Tomillo, donde, ya muerto, se efectuaron el resto de los disparos. Otra versión diferente cuenta que Roche mandó al guarda para que comprara un medicamento y allí fue descubierto por el teniente de la Benemérita, quien le ordenó que al regresar a su casa lo matara o lo detendría a él por ser cómplice suyo. Incluso otras personas piensan que el guarda se gastó el dinero en el juego y por temor al bandido cuando le contase que se había quedado sin él lo mató. Otra más dice que estaba descansando en una covacha que utilizaba habitualmente por escondite cuando fue descubierto por un pastor que lo mató para cobrar la recompensa que se ofrecía por él. El ya citado Juan Antonio Alcantud decía que su abuelo, el guarda de Las Hoyas, afirmaba que Roche fue muerto en la Casa de la Rambla (Rambla de Maturras), donde se había refugiado en numerosas ocasiones, y de allí fue bajado por la Guardia Civil hasta Pocico Tomillo. En fin son muchas las versiones que difieren de la oficial y según el sitio donde vayamos podemos encontrar otras tantas diferentes, aunque la mayoría citan como culpable de su muerte al guarda del Castillarejo. Incluso se cuenta que los hijos de Roche se vengaron de él y, simulando que iban de caza, se dirigieron hasta su casa de Liétor y después de sacarlo de ella lo colgaron en un pino. Aunque sobre esto también hay quien piensa que fue el mismo guarda el que se suicidó por los remordimientos que sentía tras haber dado muerte a su amigo. Otros sin embargo niegan la muerte del guarda y cuentan que sólo fue un hijo a Liétor a vengarse de él, ya acabada la Guerra Civil Española, pero lo encontró tan avanzado en edad y con una salud tan deteriorada que le dio pena y no se atrevió a matarlo. Lo que si es cierto es que esta muerte trágica del bandido impactó de forma profunda entre las gentes de Liétor, del campo de Hellín y de Montealegre del Castillo, pueblo este último donde el nombre de Roche aún se conserva, pues un hijo suyo llegó a ser alcalde y todavía vive una nieta que, aunque domiciliada en Madrid, tiene allí una casa. Todas las gentes de estos pueblos, con una mentalidad siempre imaginativa y ante la necesidad de tener historias que contar a los más jóvenes, le hicieron entrar muy pronto en el mundo mágico y romántico de la leyenda. Al igual que la mayoría de bandidos famosos muertos de forma violenta bajo el plomo cruel de los fusiles de las fuerzas del orden, fue idealizado por el sentir popular como un bandolero que robaba a los ricos y ayudaba a los pobres; como un paladín de los menesterosos en su lucha ancestral e histórica contra las clases poderosas. Aunque la mayoría de los jóvenes de hoy ignoran la existencia de la figura legendaria de Roche, los más ancianos recuerdan aún las historias contadas por sus mayores tiempo atrás y esta copla, que las liras tañidas por las manos invisibles del viento fue extendiendo como un llanto eterno por toda la comarca sur de la provincia albaceteña:"En la Rambla de Maturras, a vista del Villarejo, mataron a Ramón Rochea traición como a un conejo."
viernes, 16 de enero de 2009
Otra artista que vino a nuestra ciudad Sara Montiel




María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández (n. Campo de Criptana, Ciudad Real, 10 de marzo de 1928, 80 años), conocida como Sara Montiel, es una actriz de cine y cantante española. Considerada uno de los mitos mas importantes del septimo arte en todo el mundo, por su espectacular belleza y gran voz.
Sara Montiel nació en el seno de una familia manchega humilde subsistiendo por medio de la agricultura, ya que su padre era campesino. Desde muy pequeña María Antonia destacó por su belleza y sus dotes artísticas, las cuales impresionaron a Don Vicente Casanova, un influyente productor (uno de los dueños de CIFESA) y agente de publicidad que la vio y la oyó cantar durante una procesión de Semana Santa de Orihuela (Alicante). Don Vicente procuró que la joven recibiera un entrenamiento básico en declamación y canto.
Su primera película fue Te quiero para mí apareciendo como actriz secundaria en el reparto haciendo de María Alejandra, pero fue a partir de Empezó en boda dónde usaría el nombre artístico de Sara Montiel.
Su primer papel de importancia fue en Locura de amor, a la que siguieron La mies es mucha, Pequeñeces y El capitán veneno. Su gran belleza y talento le permitiría lograr grandes éxitos, pero el cine español de la época se quedaba pequeño para una estrella como Sara Montiel, que desarrolló su ambición hacia el extranjero y concretamente a México y a EE.UU., donde llegó a trabajar en Hollywood.
El 31 de mayo de 2008 recibió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha.
Actriz de Hollywood y estrellato
Gracias al éxito de la película Locura de amor, Sara Montiel llamó la atención a la industria de habla hispana más importante del mundo, el México del Cine de Oro y pronto se convertiría en una de las estrellas del momento, junto con María Félix, Miroslava y Katy Jurado. También trabajará con los grandes actores de la época: Agustín Lara, Arturo de Córdova, Pedro Infante.... Filmará más de una decena de producciones destacando: "Cárcel de mujeres" "Piel canela", "Furia salvaje" y "Se solicitan modelos" entre otras.
Debido a su belleza y su talento pronto llamará la atención de la industria estadounidense, necesitada de estrellas hispanas en la línea de Rita Hayworth. Interpretaciones como "Cárcel de mujeres" y "Piel canela" le abrirán las puertas para entrar en Hollywood en 1954 como una nueva Gilda.
Su primera interpretación será de la mano nada más y nada menos que del mítico Gary Cooper en "Veracruz" de Robert Aldrich, junto a intérpretes tan importantes de la época como Burt Lancaster, Denise Darcel y un joven Charles Bronson. Logra índices de popularidad que jamás había tenido una artista española. A esta película le sigue Serenade junto a Joan Fontaine, el tenor Mario Lanza y Vincent Price. En este rodaje conocerá al que será su primer marido, Anthony Mann, director de la cinta. Por último, rueda Yuma (también llamada Run of the arrow), junto a Rod Steiger (que volverá a ser popular en su vejez por su papel de malo en El especialista de Sylvester Stallone y Sharon Stone).
Sara Montiel (conocida como Sarita Montiel) tuvo su lugar asentado en Hollywood; mantuvo cierta amistad con personalidades tan relevantes del cine internacional como Marlon Brando, James Dean o la hija de Alfred Hitchcock. Una fotografía que le hicieron con Dean, es la última que se conoce del mítico actor; con ella se anunció en los periódicos la muerte de James Dean en accidente de tráfico en todo el mundo.
Aunque tenía proyectos para realizar otras películas como The American o Burning Hills, uno de ellos junto a Paul Newman... el destino le deparó otro rumbo a su carrera y desde entonces espació sus colaboraciones en Hollywood.
Tras unas vacaciones, rodó en España una película de bajo presupuesto bajo las ordenes de Juan de Orduña, que realizó más por amistad y gratitud que por dinero: "El último cuplé". No obstante la película fue un éxito de taquilla inmenso y hará de la Montiel una de las artistas más taquilleras del mundo. Por consiguiente firmará un contrato multimillonario para realizar películas de producciones europeas (hispano-francesas-italianas) que la convertirán en la actriz de habla hispana mejor pagada de la década.
Al "Último Cuplé" le siguieron "La Violetera", "Carmen la de Ronda", "Mi último tango", "Pecado de Amor", "La bella Lola", "La dama de Beirut", "La reina del Chantecler", "Noches de Casablanca", "La mujer perdida", "Varietés" y "Cinco almohadas para una noche".
Sara Montiel nació en el seno de una familia manchega humilde subsistiendo por medio de la agricultura, ya que su padre era campesino. Desde muy pequeña María Antonia destacó por su belleza y sus dotes artísticas, las cuales impresionaron a Don Vicente Casanova, un influyente productor (uno de los dueños de CIFESA) y agente de publicidad que la vio y la oyó cantar durante una procesión de Semana Santa de Orihuela (Alicante). Don Vicente procuró que la joven recibiera un entrenamiento básico en declamación y canto.
Su primera película fue Te quiero para mí apareciendo como actriz secundaria en el reparto haciendo de María Alejandra, pero fue a partir de Empezó en boda dónde usaría el nombre artístico de Sara Montiel.
Su primer papel de importancia fue en Locura de amor, a la que siguieron La mies es mucha, Pequeñeces y El capitán veneno. Su gran belleza y talento le permitiría lograr grandes éxitos, pero el cine español de la época se quedaba pequeño para una estrella como Sara Montiel, que desarrolló su ambición hacia el extranjero y concretamente a México y a EE.UU., donde llegó a trabajar en Hollywood.
El 31 de mayo de 2008 recibió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha.
Actriz de Hollywood y estrellato
Gracias al éxito de la película Locura de amor, Sara Montiel llamó la atención a la industria de habla hispana más importante del mundo, el México del Cine de Oro y pronto se convertiría en una de las estrellas del momento, junto con María Félix, Miroslava y Katy Jurado. También trabajará con los grandes actores de la época: Agustín Lara, Arturo de Córdova, Pedro Infante.... Filmará más de una decena de producciones destacando: "Cárcel de mujeres" "Piel canela", "Furia salvaje" y "Se solicitan modelos" entre otras.
Debido a su belleza y su talento pronto llamará la atención de la industria estadounidense, necesitada de estrellas hispanas en la línea de Rita Hayworth. Interpretaciones como "Cárcel de mujeres" y "Piel canela" le abrirán las puertas para entrar en Hollywood en 1954 como una nueva Gilda.
Su primera interpretación será de la mano nada más y nada menos que del mítico Gary Cooper en "Veracruz" de Robert Aldrich, junto a intérpretes tan importantes de la época como Burt Lancaster, Denise Darcel y un joven Charles Bronson. Logra índices de popularidad que jamás había tenido una artista española. A esta película le sigue Serenade junto a Joan Fontaine, el tenor Mario Lanza y Vincent Price. En este rodaje conocerá al que será su primer marido, Anthony Mann, director de la cinta. Por último, rueda Yuma (también llamada Run of the arrow), junto a Rod Steiger (que volverá a ser popular en su vejez por su papel de malo en El especialista de Sylvester Stallone y Sharon Stone).
Sara Montiel (conocida como Sarita Montiel) tuvo su lugar asentado en Hollywood; mantuvo cierta amistad con personalidades tan relevantes del cine internacional como Marlon Brando, James Dean o la hija de Alfred Hitchcock. Una fotografía que le hicieron con Dean, es la última que se conoce del mítico actor; con ella se anunció en los periódicos la muerte de James Dean en accidente de tráfico en todo el mundo.
Aunque tenía proyectos para realizar otras películas como The American o Burning Hills, uno de ellos junto a Paul Newman... el destino le deparó otro rumbo a su carrera y desde entonces espació sus colaboraciones en Hollywood.
Tras unas vacaciones, rodó en España una película de bajo presupuesto bajo las ordenes de Juan de Orduña, que realizó más por amistad y gratitud que por dinero: "El último cuplé". No obstante la película fue un éxito de taquilla inmenso y hará de la Montiel una de las artistas más taquilleras del mundo. Por consiguiente firmará un contrato multimillonario para realizar películas de producciones europeas (hispano-francesas-italianas) que la convertirán en la actriz de habla hispana mejor pagada de la década.
Al "Último Cuplé" le siguieron "La Violetera", "Carmen la de Ronda", "Mi último tango", "Pecado de Amor", "La bella Lola", "La dama de Beirut", "La reina del Chantecler", "Noches de Casablanca", "La mujer perdida", "Varietés" y "Cinco almohadas para una noche".
Carrera como cantante
Como cantante ha cosechado importantes éxitos en su carrera, sobre todo al volver a poner de moda el cuplé con su insinuante forma de cantar. Rompiendo con la tradición de voces atipladas impuesta por Raquel Meller y otras divas, Sara cantaba con una voz de tesitura más grave. Es conocida su anécdota durante los ensayos vocales para El último cuplé: como no llegaba a las notas, pedía al pianista que bajase de escala, a lo que él respondió «Si sigo bajando más, me agacho debajo del piano».
Su personal estilo es inconfundible; boleros como "Contigo aprendí" o "Bésame mucho" dieron la vuelta al mundo con su voz. Pero sin duda la canción con la cual será siempre identificada es "Fumando espero", con la que Sara Montiel hizo que el fumar, hoy mal vista adicción, se considerara entonces algo elegante.
Su última película, "Cinco almohadas para una noche", no consiguió el éxito de las anteriores. El cine español vivía la época del destape. Sara Montiel decidió entonces apartarse de ese tipo de cine y se entregó por entero al teatro, como ya hicieran otras grandes estrellas. Espectáculos musicales como "Doña Sara de la Mancha", demostraban la increíble capacidad para enamorar al público, esta vez desde un escenario, con lo que el público podía ver a la diva en directo. "Saritísima" o "Saritízate" son dos ejemplos de los muchos espectáculos teatrales que Sara Montiel presentó con éxito.
En televisión protagonizó dos programas; "Sara y punto", realizado por Eduardo Stern y "Ven al paralelo" con el cual estuvo dos temporadas, siendo por entonces la indiscutible reina del espectáculo barcelonés y de "La 2".
Vida amorosa
Gran conocedora del amor, ha vivido importantes relaciones, además de varios matrimonios.
Los tres que la consiguieron llevar al altar fueron por este orden; Anthony Mann, el director de cine norteamericano con quién se casó en 1957 en Hollywood (primero en artículo mortis, por consejo de la hija del director y una vez restablecido de su enfermedad, en matrimonio civil, convirtiéndose en su primer marido). Sara había conocido a Mann en el rodaje de la película "Dos pasiones y un amor" (Serenade) en la que trabajó junto a Mario Lanza y Joan Fontaine. El divorcio advino en 1963.
Su segundo marido fue el industrial Vicente Ramírez Olalla, a quién Sara llamaba cariñosamente "Chente." Se casaron ante un reducido grupo de invitados en la Iglesia de Montserrat, en Roma, oficiando la ceremonia el abad mitrado del Valle de los Caidos, Fray Justo Pérez de Urbel. Con todo, el sonado matrimonio apenas duró dos meses.
El hombre de su vida fue el empresario y periodista mallorquín Pepe Tous, con quién contrajo matrimonio después de diez años de relaciones. Juntos adoptaron a los dos hijos de la popular artista, Thais y Zeus. Pepe Tous murió y dejó a Sara sola y al cargo de sus dos hijos.
Otros hombres importantes en la vida de Sara Montiel, han sido: Ernest Hemingway, quién enseñó a Sara a fumar habanos. James Dean, con quién dicen que vivió un romance de película, incluso estuvo a punto de viajar con el malogrado actor, el día que este tuvo el fatídico accidente que le costó la vida.
León Felipe, para el importante escritor y poeta español, Sara fue su musa y su mayor inspiración "La Mancha en tí, mujer, y en mi corazón el dardo". Palabras que el insigne poeta dedicó a su admirada Sara a quien en una ocasión llegó a decir: "Eres demasiado bella para el cine, lo tuyo es el teatro".
Con Gary Cooper, Sara vivió uno de sus más sonados romances. Se conocieron durante el rodaje de "Veracruz" y entre ellos se produjeron anécdotas muy curiosas: la primera vez que Sara hizo el amor con él, se debió a una equivocación de la actriz, pues Sara apenas sabia leer y escribir y mucho menos en inglés y se aprendió el guión de la película fonéticamente; una de las frases que el personaje de Sara tenía que decirle al de Cooper era "¿Quieres luchar (en inglés, fight) conmigo y con los mios por mi pueblo?", se equivocó y acertó a decirle "¿Quieres hacer el amor (en inglés, quizá otro verbo que empieza con f...) conmigo?", a lo que Cooper, respondió con un sonoro "Yes!" Sara recuerda cuando abrazada al actor americano le susurraba cantando "Because of you". Hasta el final de la vida de Cooper, se mantuvo la amistad y en la última visita que el mito de Hollywood realizó a España, estando ya muy enfermo, al bajarse del avión lo primero que pregunto fue: ¿Dondé está "my Montielita"?.
Se rumora que también hubo un romance con Marlon Brando durante la estancia de Sara en Hollywood, a Brando le gustaba que ella le cocinara huevos fritos.
Miguel Mihura, fue aparte de un hombre y un amor importante en la vida de Sara, su Pigmalión. Sara llegó a pedirle matrimonio a Mihura, pero a pesar de publicarse las amonestaciones no llegaron a casarse.
Indalecio Prieto, un político de izquierdas a quién Sara conoció cuando él estaba en el exilio, fue una relación corta pero de la cual Sara ha guardado un gran recuerdo.
Maurice Ronet, para Sara compañero y amante, trabajó con ella en "Carmen la de Ronda", "Mi último tango" y "Noches de Casablanca", viviendo un apasionado idilio que traspasó la pantalla.
Con Giancarlo del Duca, trabajó en "La mujer perdida" y "La dama de Beirut", y vivieron un romance que él decidió cortar. Cuando Pepe Tous murió, apareció de nuevo en su vida y el romance volvió de nuevo, pero "Gianca" como ella lo llamaba, engañó a Sara y a pesar de hablarse de boda entre ambos, decidió cortar con él definitivamente.
Como ella misma cuenta tuvo una relación tormentosa con el fotografo de "La bella Lola" (1962) Mario Montuori.
Su último y muy controvertido matrimonio civil fue con el joven cubano Tony Hernández. La pareja rompió a los pocos meses.
Filmografía
Su personal estilo es inconfundible; boleros como "Contigo aprendí" o "Bésame mucho" dieron la vuelta al mundo con su voz. Pero sin duda la canción con la cual será siempre identificada es "Fumando espero", con la que Sara Montiel hizo que el fumar, hoy mal vista adicción, se considerara entonces algo elegante.
Su última película, "Cinco almohadas para una noche", no consiguió el éxito de las anteriores. El cine español vivía la época del destape. Sara Montiel decidió entonces apartarse de ese tipo de cine y se entregó por entero al teatro, como ya hicieran otras grandes estrellas. Espectáculos musicales como "Doña Sara de la Mancha", demostraban la increíble capacidad para enamorar al público, esta vez desde un escenario, con lo que el público podía ver a la diva en directo. "Saritísima" o "Saritízate" son dos ejemplos de los muchos espectáculos teatrales que Sara Montiel presentó con éxito.
En televisión protagonizó dos programas; "Sara y punto", realizado por Eduardo Stern y "Ven al paralelo" con el cual estuvo dos temporadas, siendo por entonces la indiscutible reina del espectáculo barcelonés y de "La 2".
Vida amorosa
Gran conocedora del amor, ha vivido importantes relaciones, además de varios matrimonios.
Los tres que la consiguieron llevar al altar fueron por este orden; Anthony Mann, el director de cine norteamericano con quién se casó en 1957 en Hollywood (primero en artículo mortis, por consejo de la hija del director y una vez restablecido de su enfermedad, en matrimonio civil, convirtiéndose en su primer marido). Sara había conocido a Mann en el rodaje de la película "Dos pasiones y un amor" (Serenade) en la que trabajó junto a Mario Lanza y Joan Fontaine. El divorcio advino en 1963.
Su segundo marido fue el industrial Vicente Ramírez Olalla, a quién Sara llamaba cariñosamente "Chente." Se casaron ante un reducido grupo de invitados en la Iglesia de Montserrat, en Roma, oficiando la ceremonia el abad mitrado del Valle de los Caidos, Fray Justo Pérez de Urbel. Con todo, el sonado matrimonio apenas duró dos meses.
El hombre de su vida fue el empresario y periodista mallorquín Pepe Tous, con quién contrajo matrimonio después de diez años de relaciones. Juntos adoptaron a los dos hijos de la popular artista, Thais y Zeus. Pepe Tous murió y dejó a Sara sola y al cargo de sus dos hijos.
Otros hombres importantes en la vida de Sara Montiel, han sido: Ernest Hemingway, quién enseñó a Sara a fumar habanos. James Dean, con quién dicen que vivió un romance de película, incluso estuvo a punto de viajar con el malogrado actor, el día que este tuvo el fatídico accidente que le costó la vida.
León Felipe, para el importante escritor y poeta español, Sara fue su musa y su mayor inspiración "La Mancha en tí, mujer, y en mi corazón el dardo". Palabras que el insigne poeta dedicó a su admirada Sara a quien en una ocasión llegó a decir: "Eres demasiado bella para el cine, lo tuyo es el teatro".
Con Gary Cooper, Sara vivió uno de sus más sonados romances. Se conocieron durante el rodaje de "Veracruz" y entre ellos se produjeron anécdotas muy curiosas: la primera vez que Sara hizo el amor con él, se debió a una equivocación de la actriz, pues Sara apenas sabia leer y escribir y mucho menos en inglés y se aprendió el guión de la película fonéticamente; una de las frases que el personaje de Sara tenía que decirle al de Cooper era "¿Quieres luchar (en inglés, fight) conmigo y con los mios por mi pueblo?", se equivocó y acertó a decirle "¿Quieres hacer el amor (en inglés, quizá otro verbo que empieza con f...) conmigo?", a lo que Cooper, respondió con un sonoro "Yes!" Sara recuerda cuando abrazada al actor americano le susurraba cantando "Because of you". Hasta el final de la vida de Cooper, se mantuvo la amistad y en la última visita que el mito de Hollywood realizó a España, estando ya muy enfermo, al bajarse del avión lo primero que pregunto fue: ¿Dondé está "my Montielita"?.
Se rumora que también hubo un romance con Marlon Brando durante la estancia de Sara en Hollywood, a Brando le gustaba que ella le cocinara huevos fritos.
Miguel Mihura, fue aparte de un hombre y un amor importante en la vida de Sara, su Pigmalión. Sara llegó a pedirle matrimonio a Mihura, pero a pesar de publicarse las amonestaciones no llegaron a casarse.
Indalecio Prieto, un político de izquierdas a quién Sara conoció cuando él estaba en el exilio, fue una relación corta pero de la cual Sara ha guardado un gran recuerdo.
Maurice Ronet, para Sara compañero y amante, trabajó con ella en "Carmen la de Ronda", "Mi último tango" y "Noches de Casablanca", viviendo un apasionado idilio que traspasó la pantalla.
Con Giancarlo del Duca, trabajó en "La mujer perdida" y "La dama de Beirut", y vivieron un romance que él decidió cortar. Cuando Pepe Tous murió, apareció de nuevo en su vida y el romance volvió de nuevo, pero "Gianca" como ella lo llamaba, engañó a Sara y a pesar de hablarse de boda entre ambos, decidió cortar con él definitivamente.
Como ella misma cuenta tuvo una relación tormentosa con el fotografo de "La bella Lola" (1962) Mario Montuori.
Su último y muy controvertido matrimonio civil fue con el joven cubano Tony Hernández. La pareja rompió a los pocos meses.
Filmografía
Te Quiero para mi - 1944 (aparece como "Maria Alejandra")
Empezó en boda - 1944
Bambu" - 1945
Se Le Fue El novio - 1945
El misterioso viajero del Clipper -1946
Por el gran premio - 1946
Vidas confusas - 1947
Confidencia - 1947
Mariona Rebull - 1947
Don Quijote de la Mancha (Don Quijote en E.U.A.) - 1947
Alhucemas - 1948
Locura de amor (The Mad Queen en E.U.A.) - 1949
La mies es mucha - 1949
Pequeñeces - 1950
Aquel hombre de Tanger -1950
Furia Roja - 1950 (English version: "Stronghold" with Veronica Lake in the Montiel part)
Cárcel de mujeres - 1951
Necesito Dinero - 1951
Ahí viene Martín Corona - 1951
El enamorado - 1951 (O también llamada "Vuelve Martin Corona")
Ella, Lucifer y yo - 1952
Yo soy gallo dondequiera - 1952
Piel canela - 1953
Porque ya no me quieres - 1953
Se solicitan modelos - 1954
Frente al pecado de ayer - 1954 (También llamada "Cuando se quiere de veras")
Yo no creo en los hombres - 1954
Donde el círculo termina -1955 (Circle of Death in the U.S.)
Veracruz - 1955 (E.U.A.)
Serenade - 1956 (E.U.A.)
Run of the arrow - 1957 (E.U.A.)
El último cuplé - 1957
La Violetera - 1958
Carmen la de Ronda - 1959
Mi último tango - 1960
Pecado de amor - 1961
La bella Lola - 1962
Noches de Casablanca - 1963
Samba - 1964
La dama de Beirut - 1965
La mujer perdida - 1966
Tuset Street - 1967
Esa mujer - 1969
Varietés - 1971
Cinco almohadas para una noche - 1973
Asaltar los cielos(documental - 1996) As herself.
Sara, una estrella (documental - 2001) As herself.
Machín, toda una vida (documental -2002) As herself.
Mil nubes de paz - 2003 - su tema "Nena" en la banda sonora.
La mala educación - 2004 - 2 canciones en su voz en la banda sonora.
Discografía
Empezó en boda - 1944
Bambu" - 1945
Se Le Fue El novio - 1945
El misterioso viajero del Clipper -1946
Por el gran premio - 1946
Vidas confusas - 1947
Confidencia - 1947
Mariona Rebull - 1947
Don Quijote de la Mancha (Don Quijote en E.U.A.) - 1947
Alhucemas - 1948
Locura de amor (The Mad Queen en E.U.A.) - 1949
La mies es mucha - 1949
Pequeñeces - 1950
Aquel hombre de Tanger -1950
Furia Roja - 1950 (English version: "Stronghold" with Veronica Lake in the Montiel part)
Cárcel de mujeres - 1951
Necesito Dinero - 1951
Ahí viene Martín Corona - 1951
El enamorado - 1951 (O también llamada "Vuelve Martin Corona")
Ella, Lucifer y yo - 1952
Yo soy gallo dondequiera - 1952
Piel canela - 1953
Porque ya no me quieres - 1953
Se solicitan modelos - 1954
Frente al pecado de ayer - 1954 (También llamada "Cuando se quiere de veras")
Yo no creo en los hombres - 1954
Donde el círculo termina -1955 (Circle of Death in the U.S.)
Veracruz - 1955 (E.U.A.)
Serenade - 1956 (E.U.A.)
Run of the arrow - 1957 (E.U.A.)
El último cuplé - 1957
La Violetera - 1958
Carmen la de Ronda - 1959
Mi último tango - 1960
Pecado de amor - 1961
La bella Lola - 1962
Noches de Casablanca - 1963
Samba - 1964
La dama de Beirut - 1965
La mujer perdida - 1966
Tuset Street - 1967
Esa mujer - 1969
Varietés - 1971
Cinco almohadas para una noche - 1973
Asaltar los cielos(documental - 1996) As herself.
Sara, una estrella (documental - 2001) As herself.
Machín, toda una vida (documental -2002) As herself.
Mil nubes de paz - 2003 - su tema "Nena" en la banda sonora.
La mala educación - 2004 - 2 canciones en su voz en la banda sonora.
Discografía
Sara Montiel en Mexico
El Último Cuple
La Violetera
Baile con Sara Montiel
Carmen la de Ronda
Besos de Fuego
Mi Último Tango
El Tango
Pecado de Amor
La Bella Lola
Noches De Casablanca
Samba
La Dama de Beirut
Canta Sarita Montiel
Esa Mujer
Sara
Varietés
Sara... Hoy
Saritisima
Anoche con Sara
Purisimo Sara
Sara De Cine
Sara A Flor de Piel
Amados Mios
Todas Las Noches A Las Once
Sara Montiel La Diva
Sara Montiel La Leyenda
Anécdotas
Fuertes rumores señalan que la actriz no nació en 1928, sino en 1923, por lo que tendría 85 años (afirmado por vecinos propios de la localidad de Campo de Criptana).
Se dice que Sara Montiel le praparaba como desayuno a Marlon Brando, huevos fritos a la española, con aceite de olivo y mucho ajo. Se cuenta también que este platillo era el favorito del actor.
Se dice que es prima de la Miss Universo 1979 Maritza Sayalero.
El Último Cuple
La Violetera
Baile con Sara Montiel
Carmen la de Ronda
Besos de Fuego
Mi Último Tango
El Tango
Pecado de Amor
La Bella Lola
Noches De Casablanca
Samba
La Dama de Beirut
Canta Sarita Montiel
Esa Mujer
Sara
Varietés
Sara... Hoy
Saritisima
Anoche con Sara
Purisimo Sara
Sara De Cine
Sara A Flor de Piel
Amados Mios
Todas Las Noches A Las Once
Sara Montiel La Diva
Sara Montiel La Leyenda
Anécdotas
Fuertes rumores señalan que la actriz no nació en 1928, sino en 1923, por lo que tendría 85 años (afirmado por vecinos propios de la localidad de Campo de Criptana).
Se dice que Sara Montiel le praparaba como desayuno a Marlon Brando, huevos fritos a la española, con aceite de olivo y mucho ajo. Se cuenta también que este platillo era el favorito del actor.
Se dice que es prima de la Miss Universo 1979 Maritza Sayalero.
Nota:
http://es.youtube.com/watch?v=wU5wqPlSyXQ si mirais en este enlace vereis los videos de esta esta artista.
Sara Montiel vendra de gira 2008/09 ha Hellín a la Casa de la Cultura el proximo 29 de este mes de enero. Su Trabajo lleva por titulo "Doña Sara de la mancha" no os lo perdais.
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